Por Eric Pacheco Fandiño/ Radio Cadena Agramonte.
El intercambio con aquella joven fue en el propio centro de trabajo. Me llamó la atención, además de su jovialidad y desenfado en el desempeño profesional, un cigarro del cual brotaba una columna de humo que competía con la que segundos antes había salido de sus pulmones y enrarecía un poco el ambiente.
Le comenté que a sus veintitantos años, ella misma restaba posibilidades a sus potencialidades presentes y futuras para alcanzar un alto vuelo en su carrera. Creo que hará el esfuerzo por dejar la adicción; su respuesta fue convincente.
Ejemplos cotidianos de la vida real, al igual que el anterior, me hacen pensar que en no pocas personas el apego a diversas adicciones bien dañinas toma fuerza.
En no pocas ocasiones, el cigarro conduce a otras drogas, que producen innumerables perjuicios al consumidor desde el punto de vista de su salud personal, y en el ámbito social, por el deterioro que origina.
El alcohol es otra de las llamadas drogas porteras, y deviene una de las causas que tiene enlutada a más de una familia. Riñas con daños a la integridad física de los participantes; accidentes del tránsito con la secuela de muertes y lesiones, además de los daños materiales, son consecuencias del consumo indiscriminado de bebidas.
En cualquiera de sus variantes, la droga es un fenómeno que debe tener tolerancia cero en cualquier sitio donde aparezca, por lo perjudicial que resulta.
La lucha contra el consumo de drogas ilegales no es un problema solo de las instituciones estatales, tanto las represivas como las persuasivas. Su combate permanente debe ocupar tiempo y acción de todos y para el bien de todos. (Foto: Archivo)
