Por Eric Pacheco Fandiño/ Radio Cadena Agramonte.
Emiliano Silva Vázquez tiene a su haber un récord difícil de igualar: es el único tanquista en Cuba —hasta donde conocemos— que visitó a su novia en un poderoso tanque T-55.
Transcurría el año 1981 y Ladys Lorenzo Díaz, la joven amada, sintió un ruido poco común allá por la zona de El Canet, en el camagüeyano municipio de Minas; cuando se asomó a la ventana de su casa, el asombro fue tan grande que no supo si salir corriendo o permanecer en el lugar.
En solo minutos, del interior de aquel poderoso medio de combate emergía sonriente Emiliano. Con los años no solo fue el compañero de su vida y el padre de sus hijos, Leidys y Leonardo, sino un héroe de Cuito Cuanavale.
Nacido en la zona de Vázquez cerca de Puerto Padre, en Las Tunas, en nuestros muchos intercambios me comentaba: “Si no es por la Revolución, o me hubiese muerto u hubiese salido bobo… Yo vi un televisor por primera vez a los 14 años”, y tras una sonrisa a lo cubano, me soltaba, “Polo, esto hay que defenderlo a como dé lugar”.
La escuela de cadetes “General Antonio Maceo”, en Ceiba del Agua, lo vio iniciarse en la vida militar, no era la disciplina el fuerte principal del Jabao, como también se le conocía, pero allí moldeó su carácter y encauzó sus dotes de jefe militar.
De memoria me decía el pensamiento de Fidel que aparece en la entrada de la institución militar: “Lo que puedo decir de esta escuela es que sus cadetes, sin haber estado en la guerra, se gradúan de oficiales veteranos.”
Silva prestó servicio en varias unidades militares en nuestra patria. El polígono de Paso de Lesca, aquí en Camagüey, conoció de sus extraordinarias dotes como tanquista, junto a Víctor Manuel Rodríguez Bello, el popular Vity, y muchos más, eran tanquistas “de ampanga” (frase popular cubana, que se emplea para destacar las cualidades positivas o negativas de una persona o cosa, entre otros significados).
Emiliano cumplió en dos ocasiones misión internacionalista en la República Popular de Angola, en la última de ellas, tuvo el inmenso honor de participar en la batalla de Cuito Cuanavale; allí fue uno de los cubanos que con su heroísmo partieron el corazón de los sudafricanos, a decir de uno de sus soldados.
Lo recuerdo con ese carácter alegre, cumbanchero, presto al trago y al cuento, pero sobre todas las cosas, humano, revolucionario, jefe capaz, fidelista y bravo en el combate, hasta la temeridad; con el teniente coronel Emiliano Silva Vázquez no había casualidad.
Regresó de Angola como regresan los héroes, humildes, y dispuesto a continuar la lucha en cualquier campo. La salud resquebrajada no le permitió avanzar mucho físicamente. Su imagen está presente en los que lo conocimos y tuvimos la dicha de compartir momentos importantes de su vida.
En el cementerio de Minas, donde reposan los restos de los caídos en cumplimiento de la defensa de la patria, Ladis, Leonardo y Leidis, junto al pueblo, rinden eterno tributo al teniente coronel Emiliano Silva Vázquez, el hombre que salió en un tanque T-55 para ver su novia, pero que salió también a saldar su deuda con la humanidad y cumplió el mandato. (Foto: Archivo)
