Una frase, un concepto… Fidel

Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.

Los días finales de noviembre de 2016 fueron de esos en los que la gente no quiere reír. El líder de la Revolución cubana había muerto, pero no sin dejar tras sí una estela de sentimientos, emociones y compromisos, que se hicieron patente cuando miles de agradecidos reunidos en la Plaza de la Revolución José Martí, ante la pregunta de dónde está Fidel, respondieron al unísono: ¡Yo soy Fidel!

Fue así que el concepto de Revolución, expresado por él el 1ro de mayo del 2000, resurgió en un grito de dolor por su partida. Aunque siempre estuvo en murales, fotografías y libros, este legado se convirtió en la clave para el accionar cotidiano de los antillanos dos años atrás.

Bajo el compromiso de que cada individuo también es Fidel, millones de firmas llenaron un papel con la sinceridad que merecía el momento histórico; sin embargo, creo, es necesario llamar la atención sobre cómo los cubanos asumimos en la práctica esta definición.

No pocas veces utilizamos algunas locuciones para respaldar un criterio. Las más conocidas: cambiar todo lo que debe ser cambiado y sentido del momento histórico. Pero no pensamos en que transformar la realidad cubana depende en mayor medida de lo que seamos capaces de hacer lejos de una consigna.

Sentimos orgullo del internacionalismo de Cuba, un mérito reconocido a nivel mundial; pero, ¿cuántas veces somos solidarios con el vecino, los compañeros de aula o el trabajador recién llegado? El ejemplo debe empezar por casa para luego fomentar la unidad con otras naciones hermanas.

Reflexione usted sobre la mencionada expresión: tratar a los demás como seres humanos, y esas otras palabras importantes que también están allí: desinterés e igualdad. De seguro muchas imágenes positivas llegaron a su mente, mas resulta imprescindible tocar algunos agravios que a diario ocurren en nuestra sociedad.

Por ejemplo, el dependiente “súper ocupado y distraído” en el primer turno de la mañana, que atiende incorrectamente al consumidor o el directivo que nunca está ante una reclamación.

Emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos implica apostar por el trabajo con el propósito de desarrollar las diferentes esferas de la economía, con el recurso humano que se forma en los centros educacionales del país, bajo el precio de cualquier sacrificio.

Ser revolucionarios no significa solo estar con la Revolución. Amar, cuidar la Patria sin actitudes extremas que llaman a la duda, o temer a un criterio diferente, contradicen la verdad de un hombre que no dudó en reconocer los errores para enmendarlos.

Para defender valores en los que se cree y desafiar poderosas fuerzas dentro y fuera del ámbito social y nacional, resulta imprescindible aplicar concretamente el camino que construyó Fidel para cuando no estuviera. Acostumbrados a las mediáticas predicciones nos queda buscar el mensaje en la claridad de sus palabras.

La convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar las fuerzas de la verdad y las ideas, depende de la construcción de nuestros sueños con inteligencia y claro está, en el perfeccionamiento de la sociedad cubana.

Si logramos hacer esto de corazón, y sin enmarcar una fecha, grita, no te detengas: ¡Yo soy Fidel! (Foto: Archivo)

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