Ríe muy poco, mientras en la escuela los compañeros del aula salen en tropel al receso, él prefiere quedarse tranquilo en su puesto, casi ausente; baja la cabeza y aprovecha para soñar con los abrazos y cariños que hace mucho no ve en el hogar.
Resulta entendible que tenga muchas dificultades para dormir, problemas de concentración y bajo rendimiento escolar; a veces no reacciona de las maneras más apropiadas porque el mundo más cercano está marcado por la violencia de género.
“La violencia de género, una de las violaciones de los derechos humanos más frecuentes en el mundo, no conoce fronteras sociales, económicas ni nacionales. Este tipo de violencia socava la salud, la dignidad, la seguridad y la autonomía de las sobrevivientes. Además, permanece envuelta en una cultura de silencio, apoyada por creencias y valores culturales que la sostienen, justifican o desestiman como un componente ordinario de las relaciones entre hombres y mujeres”. (UNFPA)
