Inicio del curso: repensarnos para ser mejores

Inicio del curso: repensarnos para ser mejores

Vivimos tiempos en los que educación es un ejercicio sublime, de esos que inspira pero que entraña muchos esfuerzos e imprescindible para la propia supervivencia como individuos y seres sociales. 

Las complejidades del contexto y las propias de las relaciones entre las personas hacen que educar a las nuevas generaciones se convierta en un camino complejo, todo un desafío para las familias y especialmente para los docentes. 

Por eso a las puertas de cada periodo lectivo toca repensarnos maneras de ser mejores padres, maestros, amigos y compañeros, mejores seres humanos.

Toca pensar en los materiales escolares, en las medias, en las mochilas y en los zapatos, sí, y más cuando los precios hacen galas de no pocos tormentos para los hogares, pero creo que es mucho más importante inculcar en cada estudiante los sueños, los proyectos, la felicidad de los rencuentros, la voluntad de seguir escalando peldaños a ese objetivo de ser profesionales o de aprender, la idea de compartir saberes, de hacer amigos, de experimentar las mejores sensaciones de la vida estudiantil. 

No suele ser una tarea fácil pero sí extremadamente gratificante cuando al final del día, todos como sociedad aprendemos algo nuevo, cuando experimentamos sentimientos tan limpios como el beso de cada mañana a mamá o papá para despedirnos o a la maestra que anuncia una nueva jornada, las caricias o simplemente las manos y las sonrisas que demuestran el amor y orgullo que se siente a pesar de lo convulso que suelen ser los días.  

En las aulas también se aprende a amar, escuchar y a relacionarnos, una elección de todos que implica mucho valor, comprensión, ecuanimidad, saber ponerse en el lugar de los demás, cultivar la tolerancia y saber que no todos somos iguales. Que implica a veces ser vulnerables por los miedos, las preocupaciones, las dudas y más para quienes dejan a niños, adolescentes o jóvenes en sus escuelas porque saben que de su etapa estudiantil se derivan muchas de sus futuras fortalezas.

 Implica respetar a los semejantes, tener en cuenta muchos caminos y mediaciones que tributan a la formación de valores, convicciones, conceptos, la personalidad, y que provee de herramientas para enfrentar e interpretar la vida. 

No siempre estaremos de acuerdo, no siempre seremos felices, pero si elegimos todos los días aprender y valorar los esfuerzos que se hacen para educar y formar seremos triunfadores  habrá valido la pena tantos desvelos y la alegría inmensa de cada septiembre con profesores, padres, y toda la familia que comparte la sonrisa de cada uno de los camagüeyanos a las puertas de un nuevo curso escolar.  (Texto: Gladys Dailyn Morera Cordero/RCA)(Foto: Internet)

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