Señorita dulce y coqueta, dama embaucadora que con susurros ha conquistado a varias generaciones, cual canto hipnotizante de sirenas, que se ha colado en casas, centros laborales y se inscribe en la historia de una nación.
Ella es aroma, sabor y fortaleza, belleza natural, resultado de la fusión entre la firmeza de Mariana Grajales, la pureza de Celia Sánchez y la frescura de la sonrisa de Vilma Espín. La Radio Cubana, desde su surgimiento hasta la actualidad, no ha dejado de concebirse como una cosecha de creación, consagrándose como esa amiga fiel, testigo de las carcajadas, lágrimas, enojos, reveces, victorias y, numerosos sucesos y acontecimientos en la historia de Cuba.
En ella se unen la experiencia, el talento y el compromiso edificante de construir una sociedad igualitaria, inclusiva y de valores. A través de su más sincera compañía y su afán de seducir a quienes se le acerquen, desde su originalidad, la manera en que se relaciona con los diferentes públicos y su reflejo e incidencia en el desarrollo de los diversos procesos históricos, se caracteriza por su singular manera de construir un ejercicio, que ha sido sostenido en el tiempo por la convicción de una audiencia en constante cambio, pero siempre fiel.
A 102 años de la salida al aire de la emisora 2CL, pionera de la radio en Cuba, el 22 de agosto de 1922, y por Luis Casas Romero, Cuba constata el surgimiento de la radio como un hecho cultural, forjador del compromiso ciudadano, de reafirmación identitaria y de la construcción de imaginarios, la ampliación de horizontes y de expectativas espirituales.
Aunque en sus inicios el sistema radial en Cuba respondió principalmente a los intereses de carácter corporativo y comercial, en esta etapa se registraron avances que marcaron pautas de innegable valor, audacia e impacto social, entre ellos, el surgimiento y comienzo de la transmisión de las radionovelas como género autóctono, solidificándose en una matriz de códigos que marcó la diferencia entre las formas que predominaban en las emisoras estadounidenses y europeas.
No por instinto ni por capricho propio sonaron en el éter las radionovelas más populares, para ese entonces se solicitó a la población que sugirieran los títulos de las novelas que querían escuchar, por tanto se adaptaron para la radio obras como Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Zweig; Tú eres la paz, de Martínez Sierra; El hombre que yo amé, de Rostand, y Cumbres borrascosas, de Brönte.
Espacios como La Novela del Aire, surgido en 1941 en la emisora RHC Cadena Azul, propició la aparición de nuevos títulos originales cubanos. Hasta hoy se habla de Felix B. Caignet, quien se situó en la cabecera de los escritores del género con uno de sus más grade éxitos, El derecho de nacer, que salió al aire en el año 1948. En ese período salieron a la luz nombres imprescindibles como Iris Dávila, Hilda Morales, Caridad Bravo Adams, Dora Alonso, René Alouis, Aleida Amaya, entre otros.
Pero la radio no solo desbordó de sentimentalismo y referenció los conflictos humanos cotidianos, más allá de la simple confrontación dramatúrgica entre el bien y el mal se encontró en la revalorización de escenarios domésticos que evidenciaron las desventajas sociales, la clave para hacer que cada historia se pareciera cada vez más al oyente, entonces pertinentemente se transmitieron policiacos, espacios históricos, radioteatros y radionovelas que fomentaron la consistencia de una vanguardia de dramaturgos radiales.
Y es que desde siempre la radio fue sonido para ver, programas como Nocturno, La Discoteca Popular, incluso aquel gran provocador de sonrisas, Alegrías de Sobremesa, se colocaron entre los más escuchados y popularizaron a grandes orquestas que desfilaron por ellos como La Aragón, el Trío Matamoros, Los Van Van, Los Zafiros, entre otros.
Quién no soñó estar dentro de la cabina, cuántos han sido veloces en llamar para ganar algún concurso reñido y solicitar el musical deseado. Miles de cubanos ansiaban chismear con Estelvina o acompañar a Rita Paranganillo a bajar la rampa habanera en busca del Malecón. Ella suena en todos lados. Es testigo del desarrollo de varias generaciones.
Desde su surgimiento acompaña a cada cubano desde que inicia la jornada hasta que finaliza la misma. La metamorfosis la ha convertido en curandera, doctora, en el médico y la enfermera de guardia, en mamá, en papá, en la vecina chismosa, o el guardia de los almacenes, en aquel barrendero y hasta en la taza de café de cada mañana, pero la realidad es, que aunque hoy la redes y el internet ocupen la mayor atracción de las personas, mientras exista un radioyente apasionado la Radio Cubana siempre será un sonido para ver. (Alexis Peña Hernández/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Archivo)
