Cuando la verdad te grita

Por: Gladys Dailyn Morera Cordero
"Pocas veces siente miedo" , confiesa, con la mirada perdida en recuerdos que prefiere olvidar, ella es una joven de unos treinta años que bien puede ser, tú, él… en fin, cualquiera de los pronombres personales.

Su identidad no importa porque es una entre tantos que, desdibuja sus días desde la niñez, al pendiente de la enfermedad de su padre, un alcohólico que se escuda en el ron para afrontar la vida, según él, cómo un bálsamo o una válvula de escape.

"Entiende que quizás no es tan fuerte, o sí, es difícil saberlo cuando convives con una persona así", me dice convencida y con culpa por no saber ayudar a uno de los seres más importantes de su vida, y aunque ahora no deja de serlo muchas veces lo ve como un extraño.

Ella también es víctima, de las discusiones, las incomprensiones, los ridículos, los sustos y de ese miedo que sientes algunas veces, pero tan latente como cuando temes recibir una mala noticia.

Tristemente, ese es el escenario de los que conviven o son personas con ese padecimiento, un lugar oscuro, que necesita de mucha voluntad y amor, sí, pero que a veces no basta.

Porque en el momento de levantarse, primero se ponen de pie las excusas, la incapacidad de caminar, y de reconocer que necesitan ayuda, y de no ser conscientes de que esos finales casi nunca son felices.

Al día siguiente, una vergüenza infinita, pero todo queda ahí, y eso solo sucede al principio, después lo que viene es la desvergüenza, la pérdida de facultades, de las cosas materiales, el trabajo, los amigos, la familia…

“Un infierno en el que uno entra lentamente, cada vez se molesta más por todo, está más deprimido, es perfectamente consciente de su alcoholismo, pero no puedes ponerle freno, empiezas a notar que las mañanas son muy duras para él, que le tiembla un poco el pulso y que no come nada”, confiesa entre lágrimas, como para que su historia se escuche amarga y cargada de discursos de soberbia alcohólica, que duelen y que necesitan siempre de la mano amiga, del consejo oportuno, y de la atención especializada.

Pero, sobre todo, lo dice a gritos para que esa historia que puede ser la de él, la tuya… no se repita y sean cada día más los afortunados que reaccionan a tiempo y sean más las familias y los hijos que se salven.

Que su papá escuche y esa joven de casi tres décadas vuelva a disfrutar de la vida sin reproches, de ver un amanecer sin sentir temor de no ver la fragilidad de sus manos, de poder hablar con él sin gritos, de afrontar la vida con optimismo, de poder mirar la vida a la cara sin vergüenza, sin miedos. (Gladys Dailyn Morera Cordero/Radio Cadena Agramonte) (Diseño: Nathalie Valerón Saavedra)

 

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