Por Rosa María Moros Fernández/Radio Cadena Agramonte.
A pocos días de concluir el tercer proceso de rendición de cuenta de los delegados ante sus electores en las circunscripciones, el último del actual mandato del Poder Popular, reconforta constatar la solidez del vínculo entre los representantes del pueblo y quienes les eligieron.
Tras la larga pausa impuesta por la pandemia de la COVID-19, retoma su espacio este ejercicio de participación ciudadana, cuya valía la suscriben más de cuatro décadas y media de democracia socialista desde los barrios y las comunidades.
Esa evaluación colectiva de los asuntos que impactan a la población mantiene plena vitalidad en cada encuentro entre el delegado y sus electores que hemos presenciado en el actual ciclo de asambleas, caracterizadas por una amplia asistencia de la ciudadanía lo que demuestra la confianza quien representa a los ciudadanos ante el gobierno del municipio.
A tono con los tiempos complejos que corren, y desde las perspectivas disímiles de los concurrentes, se abordan de forma crítica y constructiva temas como: el desbocado incremento de precios en productos esenciales; la tibieza para enfrentar a coleros y revendedores que lucran con la necesidad ajena; o la incomprensible composición de los módulos que se distribuyen por los barrios, mejor pertrechados en unas zonas que en otras.
Más allá de enumerar estas y otras realidades bien conocidas, los electores alertan, sugieren, invitan a la reflexión colectiva para de conjunto desatar nudos y enrumbar soluciones de beneficio común.
Las cubanas y cubanos ejercitamos así nuestro derecho soberano a participar en los destinos del país; de ahí que cada elector puede expresar de forma pública y libre sus puntos de vista, aportando su grano de arena a los análisis que nutrirán posteriormente las decisiones del gobierno de la localidad.
Toda opinión, duda, inquietud –esclarecida y examinada de conjunto—valida la pertinencia de esa voluntad común de perfeccionar la sociedad, como expresión de la unidad del pueblo en torno al Partido y la Revolución.
Allanar el camino a soluciones locales es también un deber ciudadano. Para que fluyan de manera efectiva soluciones –que la vida demuestra no siempre requieren de cuantiosos recursos—los órganos del Poder Popular están llamados a seguir perfeccionando sus estilos de trabajo, dinamizando mecanismos y estructuras.
Para que la autonomía territorial se concrete en la práctica, hay todavía mucho camino por recorrer. Los delegados saben que pueden contar con el apoyo de sus electores, como bien demostraron recientemente en los duros meses de enfrentamiento a la pandemia, protagonizando múltiples tareas.
Cuando el próximo 23 de diciembre cierre el actual proceso de intercambio pueblo-gobierno, podremos asegurar que la democracia participativa en Cuba es, sin dudas, la mejor del mundo. Pongamos entonces manos a la obra para, entre todos, encontrar las claves que permitan encausar nuestra economía en beneficio de la sociedad. (Foto: Archivo)
