Por Yaliesky Rivero Alvarez/Presidente del Movimiento Juvenil Martiano en Camagüey
Hoy 30 de octubre conmemoramos el aniversario 62 de la caída de uno de los jóvenes más revolucionarios, atrevidos y heroicos de la etapa de la lucha clandestina en el Camagüey.
Noel Fernández Pérez, hijo de esta tierra agramontina con sólida tradición de independentismo, quien, junto a otros compañeros de su generación, forjados bajo la férrea lucha estudiantil en canteras sagradas como la Escuela Profesional de Comercio, vio y asumió la necesidad de conseguir a través de la lucha armada la verdadera soberanía de la Patria.
Tal heroicidad, no nos muestra una epopeya épica de gladiadores o luchadores míticos de novelas y aventuras, basados en el imaginario popular deseado con el objetivo de resaltar culturas y tradiciones. Esta heroicidad, llevada a cabo por muchachos que aspiraban a un país mejor, es tan real como el aire que respiramos, como el latido de nuestros corazones, como la Revolución que ellos ayudaron a hacer realidad y como el agradecimiento eterno que las nuevas generaciones profesamos hacia ellos.
Noel no pudo ver el amanecer de palomas del 1ro de enero de 1959, pero ese amanecer contó con su legado como uno de los rayos del astro rey iluminando a todo un pueblo que radiante de alegrías y compromiso con el futuro, colmó las calles a todo lo largo y ancho de una isla que por casi 100 años había derramado lágrimas y sangre por su independencia.
De nada valen los hechos sagrados de la historia si no les rendimos el tributo necesario y educativo que revisten. La historia de Cuba debe ser conocida, respetada y concientizada por cada uno de sus hijos, para con los hechos del pasado engranar los esfuerzos y voluntades para el mañana.
La memoria de Noel Fernández, hoy es y debe ser tan sólida como el busto que lo inmortaliza, pues con ello, estaremos solidificando e inmortalizando también a nuestra Revolución. (Foto: Archivo)
