Por Dayana Cardona González/ Radio Cadena Agramonte.
En mi Cuba hermosa tenemos muy claro que los niños son el futuro. No como una consigna, sino como un reto. Por eso, día a día, madres, padres, la familia toda y el Gobierno, hacen cuanto sea posible para que nuestros pequeños crezcan buenos y sanos.
De pequeña me atrajo mucho el baile, dice mi mamá que con solo cuatro años aseguraba que sería bailarina. Sin embargo, la vida me jugó una mala pasada: enfermé y en lo adelante debí vivir acoplada. Hasta allí llegó mi sueño de danzar. Pero vinieron otros.
Mi casa se convirtió en mi escuela, y cursé desde la enseñanza Primaria hasta la Universidad. Hoy, escribo estas líneas como la periodista que soy hace siete años ya. Y es que, a las personas como yo, con discapacidades físico-motoras, el Gobierno cubano les garantiza sus derechos fundamentales y con ellos, nos da la posibilidad de desarrollar libre y creadoramente nuestra personalidad, aptitudes y capacidades.
Yo soy un fiel ejemplo. A mis 29 años digo convencida que he podido vivir a plenitud gracias a que nací en Cuba; una isla pequeña por sus dimensiones, pero grande por su corazón. La misma donde los niños son el mayor tesoro y los continuadores del humanismo en que se ha forjado la Revolución.
Por eso, es tarea de todos favorecer el crecimiento físico e intelectual de los más pequeños, bajo principios éticos. Vivimos en un país que a sus pequeños dedica no uno, sino todos los días del calendario, para que vivan a plenitud esa etapa de la vida que Martí llamó “la edad de oro” y que inmortalizó en las páginas de una revista para todos los niños de América.
Urgido está el mundo de que aprendamos de nuestros niños; ellos, que no conocen ni la maldad ni el odio. Seríamos un tilín mejores y mucho menos egoístas. (Foto: Archivo)
