Por Yusays Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.
En el aniversario 50 del asesinato de Gerardo Abreu Fontán —ocurrido el 6 de febrero de 1959, cuando apenas tenía 26 años de edad—, el intelectual revolucionario cubano Ricardo Alarcón de Quesada recordaba que “llegó a ser para nosotros un mito. Él, que no había avanzado en la enseñanza elemental, dirigió a los jóvenes y estudiantes de la capital y ninguno dudó nunca que Gerardo era el más capaz, el más sensible, el más profundo de nuestros compañeros”.
De él les hablo hoy, del muchacho que dirigió las Brigadas Juveniles del Movimiento 26 de Julio, asaltó el Cuartel Moncada y desembarcó en el Granma por playa Las Coloradas.
Les hablo de un negro que gustaba del arte y declamaba poesía afrocubana; de un negro que sufrió discriminación también por ser humilde y no tuvo la oportunidad de estudiar.
Abreu Fontán fue aprendiz de carpintero, trabajador en una imprenta y peón en el mercado pero sobre todo fue disciplinado, honrado, valiente y siempre dispuesto a colaborar.
Cualidades que actualmente deben ser la guía para los trabajadores del sector de Comercio en Camagüey que reciben clases en la escuela ramal que lleva su nombre y forma a una juventud, que como él, tiene un compromiso con la población, solo que en tiempos diferentes.
Una institución que tiene la responsabilidad de contribuir a la superación de los empleados del sistema de Comercio, Gastronomía y los Servicios en cuestiones tan importantes como la protección al consumidor.
Así como Gerardo convirtió a La Habana de entonces en un verdadero mural de denuncia contra la tiranía, la tarea de los que allí estudian es rescatar en esta provincia la cultura del detalle, tal como habría exigido hoy eaquel joven revolucionario. (Imagen: Arhivo/Radio cubana)
