Una casona doblemente valiosa

Como un diamante con alma de beso definió el Apóstol de la independencia de Cuba al más ilustre de los camagüeyanos. De Ignacio Agramonte conocemos lugareños y foráneos su actitud impetuosa, su destreza militar, su inteligencia suprema, su amor por Amalia; y los que habitamos esta suave comarca de pastores y sombreros llevamos con orgullo el adoptado gentilicio de agramontinos.

El primer contacto con la vida de El Mayor acontece muchas veces en su casa natal, convertida en museo en 1973, justo cuando se cumplía el centenario de su muerte.

Situada en la calle Ignacio Agramonte, antes de La Soledad, la vieja casona de tejas sobresale por su arquitectura de mediados del siglo XVIII y que según los expertos recoge toda la huella hispano-mudéjar y barroca de la arquitectura colonial cubana, con influencias de otros estilos como el neoclásico y rococó. Sin embargo, el mayor valor del inmueble se lo da el que fue en ese lugar donde llegó al mundo el hombre más grande que le ha nacido al Camagüey.

Actualmente, la casa-museo tiene en la planta alta salas de exposiciones permanentes, con muestras del mobiliario y el arte decorativo del siglo XIX; artículos personales de Agramonte y su familia; y fotos y documentos sobre la vida, la historia militar y las luchas independentistas de la época.

Balcón corrido mediante el que se comunican todas las habitaciones de la planta alta y desde el que se observa el patio central.

Aljibe con brocal de mármol blanco, situado en el patio de la casona.

Tinajones incrustados en el patio central, símbolo camagüeyano por antonomasia, usado para almacenar agua. El típico tinajón camagüeyano es aquel de voluminosa panza, líneas geométricas delimitadas y cresta destacada, o amigdaloide.

Sala de la casa, ambientada con finos objetos y muebles de la época. Es apreciable la exquisita cenefa a media pared que adorna la pintura. 

Vajillas de la época, en exposición al público en la sala destinada al comedor.

Vista del patio central. Obsérvese el balcón corrido en la segunda planta, los arcos de medio punto, y el entresuelo destinado a la servidumbre; típicos de la arquitectura colonial cubana. 

Balcón corrido en la fachada lateral que jerarquiza y le confiere un elevado valor arquitectónico a la edificación.

En primer plano, balaustres torneados, detalle arquitectónico propio del período.

Cocina, con sistema de chimenea.

Habitación de Agramonte. Sobre la mesita de noche, su rosario y su Biblia.

Piano y chal de piel del zorro que perteneció a Amalia.

Objetos personales de Agramonte.

(Fotos: Rachel García Aguilera)

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