Por Diosmel Galano Oliver/Radio Camagüey.
Fue un joven camagüeyano quien hizo del machete su principal lenguaje y con inteligencia logró poner a los españoles en jaque durante la Guerra de los Diez Años.
Había nacido el 23 de diciembre de 1841, en una casona en la parte céntrica de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, frente a la iglesia y convento de la Merced, y fue el primero de los cinco hijos del matrimonio formado por el abogado Ignacio Agramonte Sánchez Pereira y María Filomena Loynaz y Caballero.
Ignacio abrazó la misma carrera de su padre, pero apenas tuvo tiempo de desarrollarla, porque el clamor independentista lo acogió en su seno con mucha vehemencia, la misma que sintió por el amor a Amalia Simoni Argilagos, una joven principeña con quien se casó unas semanas antes de incorporarse a la guerra y tuvo dos hijos.
El joven se hizo General e impuso una férrea disciplina militar en la tropa que comandaba en el Camagüey, disciplina que él acataba de primero, y con orden creó una fuerza temible para los colonialistas.
“En Bonilla se portó Ignacio muy valiente y bien; en un principio rechazó a más de media docena de soldados que intentaron llegar hasta él, mas habiendo sido herido levemente, su primo y concuño Eduardo Agramonte Piña, muy al principio de la acción, dejó el campo para acompañarle y llevarle”.
Quizás sea esta la primera referencia en el orden militar en que se haya mencionado a Ignacio Agramonte y Loynaz durante la primera guerra por la independencia de Cuba contra el colonialismo español.
A partir de este enfrentamiento bélico, Agramonte inició un ascenso constante en el quehacer militar que lo llevó a ostentar el grado de Mayor General del Ejército Libertador y ser uno de los principales líderes políticos de la insurrección hasta su muerte en combate, el 11 de mayo de 1873, en el potrero de Jimaguayú.
Tenía solo 31 años de edad.
José Martí lo llamó diamante con alma de beso, y Fidel Castro lo consideró insuperable valladar ante la discordia, la sedición y la desorientación; sus soldados le decían, sencillamente, El Mayor.
Ignacio Agramonte es un claro ejemplo de la actitud de los jóvenes camagüeyanos, dispuestos siempre a defender la Revolución.
Así también deben ser los jóvenes de estos tiempos, tomar los valores del Mayor como ejemplo e inspiración para seguir construyendo el futuro. (Foto: Archivo)
