Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.
Si viviera la ovejita Dolly —primer mamífero clonado a partir de una célula adulta, por científicos del Instituto Roslin de Edimburgo, Escocia— estuviera temblando de terror por la jauría que se quiere clonar, encabezada por el ex capitán Jair Bolsonaro y su descendiente Eduardo, quienes se jactan de parecerse a Donald Trump y formar manadas para acabar con la humanidad de la mayoría universal.
“Debemos tener un Norte aquí”, dijo papá Jair en medio de un lenguaje racista, homofóbico y misógino… El presdiente electo de Brasil asegura que se ¿opone a las torturas? porque considera que el asesinato de los opositores es más eficaz para acabar con el Comunismo.
El lobo menor, Eduardito, por “su cuenta” dice y desdice y secunda la propuesta del detractor de la Revolución cubana radicado en Miami, Orlando Gutiérrez, y aún sin acomodar los muebles en la casa grande, multi-etnia, que ocupará su familia presidencial, ofreció a Brasil con sus más de 214 millones de habitantes, como sede de un hipotético juicio contra las dictaduras de América Latina.
¿Dictadura militar como la que pretende implantar de nuevo su papá? No, por supuesto que no, pese a que el excapitán de la reserva del Ejército brasileño nutre a su Gabinete de militares y ministros vinculados a instituciones de las Fuerzas Armadas de ese país.
Para Eduardito, hijo… de papá, las dictaduras son otras: Cuba, Venezuela y Nicaragua, países donde los derechos humanos presiden todos los programas sociales y económicos de gobiernos elegidos por el pueblo en sufragios transparentes, que tratan en vano de obstaculizar y contaminar con calumnias y felonías, frente a las verdades que hacen firmes y duraderos esos procesos nacionales, los cuales no necesitan de la intromisión de Trump y sus clonados políticos en el gigante suramericano. (Foto: http://media.cubadebate.cu)
