Por Yusarys Benito Deliano/ Radio Cadena Agramonte.
Abran paso y extiendan la alfombra roja, que llegó la Cultura Cubana. Camina hacia el escenario orgullosa y pretende, por supuesto, deslumbrar al público con su vestido, perfectamente combinado con los colores de la bandera.
No teme a la crítica de ojos mal intencionados, ni de aquellos que desean añadirle aditamentos ajenos a su origen y razón de ser. Viene con la fuerza de la Historia de un 20 de octubre de 1868; nació con el Himno Nacional y la enamoró un bayamés sobre su caballo en la primera ciudad libre del poder colonial.
Se pasea desafiante. Nadie puede disimular ante la audacia de su tiempo. Dicen que independencia y Revolución fueron y son sus cómplices. Afirman también la capacidad para abrazar un pensamiento pedagógico, literario y filosófico.
Ahora se contonea, detiene su andar, canta un bolero y calla un segundo. Goza el silencio y una luz cálida enfoca su rostro siempre en tiempo de salsa.
Con una mirada sensual convida a la rumba. Ella es blanca, negra…es mulata. Sabe embriagar con el sabor de su música tradicional, pero disfruta de los nuevos géneros contemporáneos como una adolescente más.
No le importa el ritmo. Sube su atuendo para mostrar los tacones españoles, luego los cambia por zapatillas de ballet y deja al desnudo sus pies un rato en espera de un compañero de baile. Quizás le inviten a un rico son.
Perfumada con la sazón de la buena comida criolla y halagada por su constante alegría, la guajira roba corazones. Termina el espectáculo, no pueden resistirse a un ¡BRAVO!, y en tanto, ella regala un último beso de despedida, cierra el telón entre aplausos y se escuchan las notas de La guantanamera. (Foto: Archivo)
