Por Rosa María Moros Fernández/ Radio Cadena Agramonte.
Uno de los principales cambios que acontecen en los años altos de la existencia humana es el momento de la jubilación, etapa que implica estilos de vida individuales y sociales diferentes, que no todos saben sobrellevar.
Algunos llegan a la jubilación con mucho optimismo, pues la asumen como el merecido descanso y a la vez la oportunidad de hacer cosas nuevas. Otros, se sienten un tanto perdidos al disponer de tanto tiempo libre, que no saben cómo emplear, extrañan el antiguo equipo de trabajo y, en breve lapso, se apodera de ellos la nostalgia y la tristeza.
Y es importante entender y aceptar que, como todo cambio, con la jubilación hay cosas que quedan en el pasado y no volverán, pero también se abren paso nuevas oportunidades, aunque con características muy diferentes.
Es evidente que los compromisos adquiridos en el mundo profesional y del trabajo ya no existen. Terminó la rutina de levantarse temprano, cumplir un horario y relacionarse con los compañeros. Cambia también el tema económico.
Sin embargo, tarde o temprano todo trabajador ha de llegar a ese nuevo estado, y dada la larga expectativa de vida de hoy en día en Cuba, es oportuno reflexionar sobre los elementos positivos de la jubilación.
Si la persona se levantaba temprano, ahora puede hacerlo más tarde. Si no tenía tiempo para hacer cosas que quería pero no podía hacer, ahora sí lo tiene. Ahora puede compartir más con la familia. En definitivas, la jubilación es un período de transición de un estilo de vida a otro totalmente diferente, que debe ser tomado con absoluta normalidad.
Si el jubilado no está preparado y se deja llevar por la sensación de inutilidad del triste estereotipo de quien ahora ha de matar el tiempo sentado en una plaza alimentando palomas, viendo televisión, peleando en casa o quejándose por lo que dejó atrás, el impacto emocional traerá consecuencias muy severas que probablemente deterioren su salud mental y física.
Si estamos conscientes que un día llegaremos a esta etapa, lo ideal es prepararnos mentalmente para cuando llegue el momento.
Recordemos que es un período en el que no debemos perder de vista: mantener una vida física e intelectualmente activa; disfrutar de actividades que anteriormente la escasez de tiempo hacían casi imposibles; aprender nuevas destrezas; realizar cualquier actividad, con o sin ganancia económica, que aporte beneficios a la comunidad.
Se trata, en resumen, de vivir a plenitud ese período en el que, merecidamente, cerramos un ciclo para abrir otro diferente, que también tiene sus atractivos.
