Camilo renace en sonrisas

Por Merlis Pereira Velázquez/ Estudiante de Periodismo.

Piel blanca, ojos castaños, manos inquietas, nariz perfilada, sombrero, barba y sonrisa, conjugación perfecta de la grandeza misma, así califica Xiomara Basulto, una camagüeyana que, con solo siete años de edad, vio pasar a Camilo Cienfuegos por esta ciudad centro oriental, durante la Caravana de la Libertad.

Unos lo recuerdan como el niño simpático y travieso, otros como el joven audaz y valeroso, apasionado por el béisbol, de espíritu humilde, extrovertido y campechano; pero todos coinciden en la imagen perpetua del invicto guerrillero, quien por su coraje fue acogido por la Historia como el Señor de la Vanguardia, o la leyenda que surca tras el Héroe de Yaguajay.

Camilo, el mismo al que el líder de la Revolución, Fidel Castro, le preguntó si iba bien –palabras grabadas por siempre en la memoria de los cubanos- es recordado por el pueblo como uno de sus mejores e imprescindibles hijos, a pesar de su muerte tan temprana, con solo 27 años de edad.

Este 6 de febrero se cumplen 86 años de su natalicio, en una humilde barriada de La Habana que dio la luz a un hombre inmortal.

La consternación que provocó su partida, cuando desapareció físicamente en el mar, solo ha sido superada por la convicción de su ejemplo, el mismo que renace en la diáfana sonrisa de los cubanos, en las manos florecidas de los niños cada 28 de octubre, en la obra de los que luchan por construir con esfuerzo un futuro mejor. Y es que Camilo no murió, se multiplica en el pueblo. (Foto: Archivo)

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