Por Manuel Cano Iglesias/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte
El eminente científico Carlos J. Finlay, hijo ilustre del Camagüey, falleció el 19 de agosto de 1915 en La Habana, aunque su obra perdura por su incondicional entrega al saber como bien común.
En el ámbito de la ciencia cubana del siglo XIX resalta el carácter experimental de su descubrimiento, hecho que lo ubica a la avanzada de las teorías biomédicas de su tiempo.
Su talento y conocimientos sobre medicina, su hondo amor al estudio de diversas disciplinas científicas, su clara intuición para la investigación y el descubrimiento; hacen de él una personalidad valiosa de la ciencia universal.
No le fue posible ingresar a la Universidad de La Habana, y cursó estudios en Filadelfia en la carrera de Medicina en el “Jefferson Medical College”, donde se doctoró el 10 de marzo de 1855. Dos años más tarde logró revalidar su título en la Universidad de La Habana.
Su principal trabajo consistió en dilucidar cómo se producía la transmisión de la fiebre amarilla por los mosquitos. De ese análisis concluyó que el agente transmisor de la enfermedad era el mosquito Aedes aegypti, para lo cual aportó numerosas pruebas experimentales que confirmaron su teoría; que no fue realmente aceptada por la comunidad científica de la época hasta 1900.
Como representante del Gobierno colonial ante la Conferencia Sanitaria Internacional, en Washington, presentó por primera vez su hipótesis en 1881, la cual fue recibida con casi total escepticismo. De regreso a Cuba, Finlay se dio a la tarea de realizar experimentos con voluntarios para comprobarla.
Durante el trabajo experimental pudo concluir que era la hembra fecundada de esta especie la que transfería la fiebre amarilla, y que el individuo picado una vez por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad.
Por más de dos décadas sus postulados fueron ignorados. Solo después de terminada la Guerra Hispano-Estadounidense, cuando el general Leonard Wood, gobernador de Cuba, pidió que se probara la teoría de Finlay, se retomó la revisión de sus resultados de años de investigación y entrega.
La Confederación Médica Panamericana decidió dedicar el 3 de diciembre a la Medicina en varios países de la región, como tributo precisamente, a los aportes del doctor Carlos J. Finlay a la ciencia internacional.
También en su honor, el Gobierno cubano creó el Premio de Microbiología “Carlos J. Finlay”, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), entrega cada dos años a investigadores cuya labor en temas relacionados con la microbiología (inmunología, biología molecular, genética y otras), haya contribuido de manera destacada a la salud.
Su gran visión práctica para promover la investigación y los avances en la microbiología, avizoró el camino sobre una de las más devastadoras enfermedades, contra la que no existía defensa alguna; hecho que coadyuvó a abrir causes para el conocimiento y la erradicación de otros padecimientos transmisibles por vectores biológicos.
Finlay aparece acreditado por la Historia, no solo como un hombre de Ciencia, también como hacedor del progreso social. Por tanto, constituye un deber de todo cubano conocer la vida y obra de este sabio cubano, benefactor de la humanidad. (Foto: Archivo)
