La Habana, 12 may.- Basado en datos públicos de aviación, análisis en medios de prensa de Estados Unidos reportan un aumento de los vuelos de recopilación de inteligencia militar de Washington frente a las costas de Cuba.
El análisis, publicado por la CNN, señaló, de acuerdo con FlightRadar24, desde el 4 de febrero, la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos realizaron al menos 25 vuelos de este tipo utilizando aeronaves tripuladas y drones, la mayoría cerca de las dos ciudades más grandes del país, La Habana y Santiago de Cuba, y algunos a menos de 64 kilómetros de la costa.
Buena parte de esos vuelos fueron realizados por aeronaves de patrullaje marítimo P-8A Poseidon, diseñadas para vigilancia y reconocimiento, mientras que otros los realizó un RC-135V Rivet Joint, especializado en recopilación de inteligencia de señales.
También se utilizaron varios drones de reconocimiento de gran altitud MQ-4C Triton, indicó el reporte.
La administración de Donald Trump ha llevado el recrudecimiento del bloqueo de larga contra la isla a niveles sin precedentes y ha ampliado las medidas coercitivas unilaterales con un cerco petrolero basado en que el país caribeño representa una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos, en medio de crecientes amenazas de agresión.
El canciller Bruno Rodríguez ratificó que Cuba salvaguardará su independencia y afirmó que ejercerá su derecho a la legítima defensa hasta las últimas consecuencias, con el apoyo masivo y multitudinario del pueblo.
En una entrevista concedida la semana pasada a ABC News, el ministro de Relaciones Exteriores fue claro: Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos: ni para su seguridad nacional, ni para su política exterior, ni para su economía, ni para el estilo de vida estadounidense.
Parece que el gobierno de Estados Unidos ha elegido un camino peligroso; un camino que podría derivar en consecuencias inimaginables, en una catástrofe humanitaria, en un genocidio, en la pérdida de vidas cubanas y de jóvenes estadounidenses; también podría conducir a un baño de sangre en Cuba, dijo.
Rodríguez expresó que no se ha producido ningún avance en las conversaciones con Estados Unidos y desestimó las recientes exigencias de la administración de Donald Trump en materia de reformas políticas y económicas. Puedo decirle que no veo ningún progreso, subrayó.
El jefe de la diplomacia cubana reiteró la disposición de diálogo sobre una gran variedad de cuestiones bilaterales, pero enfatizó que los temas relacionados con el sistema político o los asuntos internos de Cuba no están sobre la mesa.
Rodríguez refutó los falsos pretextos utilizados por la Casa Blanca de Trump para justificar una eventual agresión militar contra Cuba, algo prohibido por el derecho internacional, acotó.
Las últimas semanas la hostilidad de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, escaló con permanentes amenazas de futuras acciones contra la isla muy pronto.
Trump se ha referido -con mentalidad de conquistador del siglo XXI- a que tomará el control de Cuba casi de inmediato y amenaza con desplegar portaaviones estadounidenses cerca de sus costas para, supuestamente, forzar una rendición.
Desde que asumió su segundo periodo en la Casa Blanca el 20 de enero del pasado año, el presidente Trump ha redoblado su apuesta contra Cuba. El primer día en el cargo firmó una orden ejecutiva que revirtió medidas tardías, pero en la dirección correcta de su predecesor demócrata, Joe Biden.
Biden, quien durante sus cuatro años en el Despacho Oval se mantuvo en línea con la política de Trump hacia Cuba, una semana antes de concluir su presidencia decidió eliminar al país de la unilateral y arbitraria lista de Estados Unidos de supuestos patrocinadores del terrorismo.
Así, en cascada, fueron llegando una tras otra las disposiciones, todas destinadas a estrangular a la nación antillana con un reforzamiento brutal del bloqueo económico, financiero y comercial más largo de la historia con el objetivo de derrocar a la Revolución cubana y forzar un añorado cambio. (Texto y foto: PL)
