Por Rosa María Moros Fernández/ Radio Cadena Agramonte
Más allá del relieve que entraña para católicos y creyentes el arribo en las próximas horas a La Habana del Papa Francisco, los cubanos en general esperamos su llegada con respeto y afecto, conscientes del privilegio que representa tener entre nosotros al jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano y líder espiritual de millones de personas en el mundo.
Sin lugar a dudas, su presencia entre nosotros confirmará el buen estado de las relaciones existentes entre el Gobierno cubano y la Santa Sede, que este año celebraron su aniversario 80 de nexos ininterrumpidos.
En nuestra isla del Caribe, el primer Papa latinoamericano encontrará la calidez de un pueblo acostumbrado a vivir las religiones en un ambiente de tolerancia, construida durante siglos a partir de la diversidad inherente al sincretismo multicultural que identifica la nacionalidad cubana.
Como Misionero de la Misericordia viene a la mayor de las Antillas el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, cuya praxis apostólica demuestra cuán alineada a los avatares de nuestros tiempos puede estar la fe, entendida desde una visión renovadora.
Admira el realismo con que Su Santidad se ha pronunciado en sus dos años como máximo representante de la Iglesia Católica, respecto a disímiles temas de la actualidad mundial: la pobreza, el desempleo, la necesidad de cuidar el medio ambiente y la tragedia de los migrantes de otras latitudes en su camino hacia Europa, que él calificó como un crimen que ofende a la Humanidad; problemas de alta sensibilidad a los que urge poner coto.
Partiendo de construir de manera permanente espacios de encuentro y de diálogo, el papa Francisco ha demostrado con hechos cuánto puede influir la Iglesia en el contexto internacional.
El Obispo de Roma llega a la Isla en un momento muy especial, signado por una nueva etapa en las relaciones diplomáticas de Cuba con Estados Unidos, de esfuerzos progresivos en interés de mejorar también los vínculos con los países europeos, y de que sea suprimido el bloqueo que durante más de 50 años ha ocasionado daños inmensos a nuestro pueblo.
Con la sencillez y humildad que lo caracterizan, el papa Francisco declinó merecer créditos por mediar en el diferendo, y por apoyar la causa que finalmente condujo a la liberación de los Cinco antiterroristas cubanos.
Aún cuando en esta ocasión el Papa no estará físicamente en la provincia de Camagüey, tanto los creyentes como los no creyentes que aquí residimos, seguiremos muy de cerca las incidencias de su visita a la tierra cubana que le recibirá de forma respetuosa.
Y si precediendo su llegada, tuvo la deferencia de dirigir un cordial video-mensaje al pueblo cubano, transmitido por televisión en la noche del jueves último, desde esta porción de nuestra isla caribeña hacemos votos porque disfrute de una grata e histórica estancia en la patria de Félix Varela, el Padre Olallo, José Agustín Caballero y muchos otros hombres de fe, que abrazaron con idéntico fervor la noble causa de la independencia de la Patria.
¡Bienvenido a Cuba, Papa Francisco!
