Lo que sé por mí: La Señora Tentación

Por Manuel Villabella/ Radio Cadena Agramonte.

En 1951, Madrid se arrebataba con la revista musical de Antonio y Manuel Paso, con la melodía de Daniel Montorio, Tentación. Los carteles enormes en esquinas de arterias concurridas de Madrid anunciando el espectáculo, mostraban a una hermosísima mujer, ligera de ropas, en la plenitud de su belleza.

El público de aquellos años, al asistir al teatro Victoria se sorprendía, además, con aquella voz de soprano de timbres prodigiosos y el carisma y sensualidad de su actuación, era la cubana María de los Ángeles Santana.

La revista se mantuvo por más de mil funciones y recorrió las principales ciudades de España. La prensa comenzó a llamar a María “La Señora Tentación”. De España se traslada a París, donde actúa en el teatro Olympia, en el que alterna con Josephine Baker, Maurice Chevalier y María Félix. Regresa a Cuba en 1958.

En septiembre del 2002, María de los Ángeles visitó Camagüey, acompañada de su esposo de toda la vida “de las buenas y las malas” (así me dijo) Julio Vega. La habían galardonado con la distinción Hija Adoptiva de la provincia de Camagüey, en solemne acto.

Enterado el periodista de que visitaría a su querida Candita Batista –ya que compartieron temporadas exitosas en España- en el que era en esos años su “rincón” de la calle Cristo, la acecha, para una conversación íntima.

No fue nada fácil, muy pronto llegaron, Faustinita Morán, “la alondra camagüeyana”; Servando Vázquez, y no faltaron las salutaciones y recuerdos, como las canciones en compañía de José Fáez y su guitarra.

Al primer descuido, me robé a María, deseaba indagar a fondo sus vínculos con Camagüey, el por qué de aquel homenaje, y es que María de los Ángeles Santana había regresado a sus orígenes, la venida no había sido apremiada por algún compromiso insoslayable, llegó compulsada, mordida por la nostalgia y los recuerdos. Me cuenta que contempló extasiada el Parque Agramonte y la Plaza del Carmen, y en Nuevitas trajinó febrilmente las calles Máximo Gómez y Calixto García.

Recorrí todos los rincones que había correteado en mi niñez, el lugar de nuestra residencia, el consultorio de mi padre. Pregunté por todos los conocidos, pero ya no queda nadie. Nuevitas está desconocida para mí. Ya no es la cosa pueblerina que me encantaba. Me quedan solamente unos primos lejanos que no pude localizarlos.

-¿Y por qué Camagüey y Nuevitas?

Camagüey por las venidas que hacíamos en tren para recorrer sus calles, ir al cine, comprar en la calle de Comercio. Nuevitas porque fue casi como el lugar donde nací. Toda mi infancia fue allí, hasta que mi padre, Santiago Santana, que era médico y puso su consultorio en Nuevitas, se trasladó con su familia para La Habana, aunque no dejé a Nuevitas, todos los años mis vacaciones eran allí. Pero ya mi Nuevitas  se ha esfumado, es inalcanzable…

-¿La María de los Ángeles nuevitera, ya cantaba?

Había hecho algunas cosas en la emisora de radio de Nuevitas, que estaba al lado de la llamada Acera de Martí, pero no fue nada serio, no pensaba dedicarme al arte. En esos años me gustaba todo lo que había aprendido. MI tío eran un buen guitarrista, mi tía sabía música, profesora de solfeo, pero en realidad, mi pasión era la espeleología. Me encantaba hacer excursiones, me gustaba todo lo que yo pudiera descubrir, había visitado ya toda la costa norte. Nunca pensé seriamente dedicarme a la música o al teatro.

-¿Y cómo llegó el arte?

-A través de un amigo. Era una persona que me secundaba en las excursiones, le gustaban también las cuevas, alimentaba en mí todas esas locuras. Él se trasladó para La Habana. Comenzó a introducirse en la vida periodística y organizó diarios, entre ellos Avance. Se llamaba Oscar Sánchez. Sabía que a mí me gustaba también la música. Mi ambiente familiar era muy musical En aquel año, 1938, estaban tratando de de iniciar la industria del cine en Cuba y surge un proyecto de filmar la película Sucedió en La Habana. Él me habló para que participara interpretando una canción. Me dijo de hacer una prueba para ver si servía. “Eso no te compromete, no quiere decir que te hagas una profesional”, me aclaró. Me embullé y me decidí, con el disgusto de mi familia. Allí estaban los músicos más preciados en aquellos días: Lecuona, Grenet, parece que ellos vieron algo en mí. La película la dirigió Jaime Salvador y actué en una escena en la terraza del Hotel Nacional, era un pequeño papel, podía escoger, incluso, la canción. Interpreté Si me pudieras querer, de Bola de Nieve, quien entonces empezaba. Surgió también así mi gran amistad con Bola.

Nos descubren. Los amigos reclaman a María de los Ángeles, y con razón. Quedaron fuera de la charla imprudente, encubierta, preguntas sobre su incursión en San Nicolás del Peladero, cómo se decidió a incursionar en lo cómico, también sus éxitos en México y su vinculación posteriormente con Ernesto Lecuona. Es lamentable, ¿verdad? (Foto: Radio Rebelde)

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