EE.UU, 12 nov.- Estados Unidos está tejiendo una red sin precedentes para observar cualquier actividad en cualquier punto de la Tierra de manera continua, instantánea y en alta definición. Esta red de cientos de satélites espía en órbita baja estará bajo la dirección de la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO en sus siglas en inglés) y está siendo construida por Space.
La inmensa constelación de centinelas recuerda a los Starlink de Elon Musk, pero en vez de servir para comunicarse vía internet, vigilará cualquier activo que necesite el Pentágono, desde instalaciones militares extranjeras a otros objetivos de interés estratégico. Según Chris Scolese, director del NRO: “No podrás esconderte, porque estaremos constantemente mirando”.
La constelación de satélites se llama Starshield y, como publicó en exclusiva Reuters hace unos meses, su construcción fue asignada a SpaceX en 2021 con un contrato secreto de 1.800 millones de dólares. Esta red es un enjambre global, con el despliegue de una gran cantidad de satélites de coste bajo y fabricación masiva en vez de usar pocos, caros, y enormes satélites espías que son difíciles de mover una vez en órbita para poder seguir cualquier objetivo deseado.
Hasta la fecha, SpaceX ha lanzado más de 80 de estos nuevos satélites a bordo de cuatro cohetes Falcon 9. Hay lanzamientos programados hasta el año 2028.
Un cambio radical para el espionaje
Scolese, un antiguo ingeniero de la NASA, afirma que estos nuevos satélites proporcionan “imágenes de alta resolución de la Tierra a gran velocidad”, un cambio fundamental respecto al modelo tradicional del NRO, que históricamente operaba una cantidad mucho menor de satélites enormes. Según Eric Zarybnisky, director de la oficina de lanzamientos espaciales del NRO, el organismo espera “cuadruplicar el número de estos satélites en órbita durante la próxima década”.
La estrategia de saturar la órbita con numerosos satélites proporciona no sólo una vigilancia continua y detallada de los objetivos, sino que, en teoría, además hace que sea mucho más difícil que Rusia o China puedan neutralizarla con armas espaciales. “Nos da un grado de resiliencia que antes no teníamos”, afirma Scolese.
Los antiguos satélites, algunos del tamaño de un autocar, son objetivos fáciles para los enemigos de EEUU. Una constelación dispersa y numerosa garantiza que no se pierda toda la capacidad de vigilancia en caso de ataque (aunque esto no tiene en cuenta el síndrome de Kessler que puede comenzar una reacción en cadena que destruya esta constelación además de miles de otros satélites a la misma altitud, dejando a la civilización a su suerte). (Texto y Foto: Cubadebate)
