Juan Díaz de Villegas fue uno de los muchos cubanos que renunció a las comodidades de una vida acaudalada y se sumó a la insurrección de 1868. Se distinguió en la conducción de la guerra por el territorio villaclareño, donde llegó a ser Mayor General. Tenía un hijo de 18 años, Leopoldo –Teniente del Ejército Libertador- quien, delatado por un traidor, se encontraba prisionero. Al conocer la identidad del joven, los españoles pretendieron de él que denunciara la situación de las tropas mambisas, pero ante la entereza del prisionero apelaron al padre, prometiéndole la vida del hijo a cambio de renunciar a la lucha por la independencia. Ante tal oferta, el General, indignado, exclamó: “¡Mi hijo juró vencer o morir! ¡Morir por la Patria es su gloria!
