El 8 de septiembre del 2000 concluye en Nueva York la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas que se había iniciado el día 6 para determinar las funciones que la organización cumpliría en el siglo XXI. Durante la reunión, quizás el mayor foro internacional que se haya llevado a cabo, se celebraron cuatro reuniones interactivas de mesa redonda, presididas por cuatro grupos regionales: África, América Latina y el Caribe, Asia y Europa oriental. Como resultado los 192 Estados miembros de Naciones Unidas, 147 de ellos representados directamente por sus jefes de estado, aprobaron la llamada Declaración del Milenio, que abarca compromisos concretos para mejorar la suerte de la humanidad durante este siglo. Los compromisos adoptados por las naciones no eran nuevos. Más bien, sintetizaban los objetivos de desarrollo convenidos en diversas conferencias internacionales y cumbres mundiales durante la década de los 90 y un conjunto de normas y leyes internacionales codificado en los últimos 50 años. Incluso, los planes de acción necesarios para alcanzar estos objetivos, habían sido ya elaborados y aprobados por los Estados miembros.
