1965- Secuestrado y asesinado en París el dirigente marroquí Mahdí Ben Barka.

El 29 de octubre de 1965, en plena calle, frente al restaurante Lipp, en el corazón de París, tres policías franceses, aparentemente a sueldo de ciertos altos cargos marroquíes, secuestraron a Mehdi Ben Barka, el líder de la izquierda marroquí en el exilio, antiguo profesor de matemáticas y posteriormente el más feroz opositor a Hassan II. Jamás se le volvió a ver desde esa tarde. El secuestro y posterior asesinato de Mehdi Ben Barka fue un nauseabundo crimen de Estado, la venganza cruel de un sistema totalitario contra el más brillante de sus enemigos. Nacido en Rabat en 1920, primer licenciado en matemáticas de Marruecos, líder independentista en los años de la Segunda Guerra Mundial, fundador del Istiqlal (Partido de la Independencia). Siempre representó al sector más izquierdista y avanzado dentro del nacionalismo marroquí, siendo desterrado al Atlas en 1951. Una vez obtenida la independencia en 1955, el rey Mohamed V le nombró presidente del primer parlamento, un órgano meramente consultivo, totalmente dominado por el monarca. En estos primeros compases del Marruecos Libre, Ben Barka se dedicó además a viajar, entrevistándose con líderes tercermundistas cómo Nasser, Burguiba, Mao Zedong o Ho Chí Minh. Tras tomar contacto con estos líderes, intentó aplicar experiencias de tipo socialista en el nuevo Estado postcolonial. En 1959, Ben Barka y otros destacados militantes del Istiqlal, junto a los sindicatos y las juventudes del mismo, decidieron abandonar el partido y crear la Unión Nacional de Fuerzas Populares (UNFP). El programa político de la nueva formación exigía una serie de medidas: la celebración de elecciones libres, la promulgación de una constitución, la implementación de la reforma agraria, la alfabetización del pueblo y el fin de la exclusión de las mujeres de la vida pública marroquí. Pronto, la maquinaria represiva extendió sus tentáculos sobre los dirigentes de la UNFP, encarcelando a algunos de ellos y obligando a exiliarse a Ben Barka. Tras la muerte de Mohamed V y la subida al trono de su hijo Hassan II en 1962, el líder socialista pudo regresar a su país, presentándose a las elecciones legislativas del año siguiente. Antes de que los nuevos diputados pudieran tomar posición de sus escaños, miles de militantes de la UNFP fueron detenidos y torturados, acusados de tramar un complot para asesinar a Hassan. Ben Barka tuvo que escoger de nuevo el camino del exilio, refugiándose en la Argelia revolucionara, siendo acogido por el presidente Ahmed Ben Bella. Condenado a muerte en su patria, tratado de traidor por las autoridades marroquíes, Mehdi Ben Barka se dedicó de lleno al movimiento tercermundista, cómo presidente de la Comisión Organizadora de la Conferencia Tricontinental de La Habana de 1966, labor que dejo inconclusa. Tras su secuestro el 29 de octubre fue trasladado a un chalet de las afueras de la capital, siendo torturado hasta la muerte por el general Mohamed Ufqir, ministro del Interior de Marruecos. En esta operación colaboraron tanto los servicios secretos marroquíes, cómo el servicio de contraespionaje francés y la CIA.

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