El 13 de diciembre del 2001, Ramón Labañino, uno de los cinco antiterroristas cubanos sometidos a un vergonzoso juicio, es sentenciado a cadena perpetua y 18 años, tras un largo proceso de manipulación y venganza, devenido un show propagandístico en Miami. Por luchar contra el terrorismo se me condena, expone Labañino en su alegato ante una nutrida representación de la mafia narco-terrorista de esa ciudad estadounidense, que irónicamente sólo presenciaba la audiencia y no estaba en el banquillo de los acusados. Por mandato de la Corte de Apelaciones de Atlanta, ocho años después se le aplica una resentencia a 30 años de prisión por parte de la misma jueza que lo había condenado. Pese a la rebaja del castigo, sigue siendo una situación injusta porque Ramón Labañino no debiera haber estado preso ni un segundo.
