Por Lilian Conde/ Radio Cadena Agramonte.
En estos días pensaba en el personal de la Salud, ese al que hemos bautizado como héroes de batas blancas, y en todos los que los acompañan en esa gran travesía de guerreros y valientes, muchas veces anónimos, protegidos detrás de una máscara, luchando contra el nuevo coronavirus.
Reflexionaba sobre el gran valor de ellos, que dejan a sus seres queridos para, con altruismo, enfrentar la mayor de las guerras de estos tiempos: la que se emprende contra el SARS-CoV-2.
Algunos son muy jóvenes, otros más maduros, y otros ya pasan de la mediana edad. Me pongo en su lugar y vuelvo a pensar en que deben de estar cansados y agotados, quizás tengan hambre, o simplemente ganas de tirarse en un sofá o en sus camas. Tal vez deseen escuchar la radio o ver un serial en la TV, o puede que quieran jugar con los más pequeños de casa, o hacer una cena familiar, mas el tiempo y la velocidad con la que transcurre esta fuerte pandemia no les permite ese momento.
Pienso, y los invito a que se sumen. Imagino que soy médico, enfermera, laboratorista o paramédico, y se agolpan en mi mente mis hijos, mi esposo, mis familiares y amigos, y llego a la conclusión de que son héroes, muchas veces anónimos porque quizás los enfermos de la COVID-19 que trataron y animaron con una mascarilla de por medio, nunca lleguen a ver sus rostros.
Por eso, cada día que pasa valoro más su trabajo, sus sacrificios como seres humanos, y me pregunto si todos pudieran apreciarlos de esta manera.
Actuemos en nombre de ellos y de nosotros mismos con percepción del riesgo y del peligro. Quedarse en casa y cumplir con todas las medidas adoptadas para salvar la vida será el mejor modo de honrar a estos héroes de batas blancas. Creo que ya es tiempo. (Foto: Cubadebate)
