Este tercer domingo de junio no será uno más del calendario. De hecho no lo es nunca; no puede serlo, porque celebrar a los padres no es mera formalidad festiva, ni un asunto de equidad entre progenitores; es, eso sí, una bienvenida a los abrazos, a los besos, a la ebriedad de gozo, al amor sin horarios ni fronteras.
Qué mejor manera entonces, que con los versos de Martí a su Ismaelillo, y estas imágenes a las que sobran o le quedan chicos los calificativos, para celebrar, pues, este Día de los Padres. (Fotos: Rachel García Aguilera)
Sea mi espalda
Pavés de mi hijo:
Pasa en mis hombros
El mar sombrío
A su paso la sombra
Matices muestra,
Como al sol que las hiere
Las nubes negras.
Sus dos ojos parecen
Estrellas negras:
Vuelan, brillan, palpitan,
Relampaguean!
¡Qué suave espuela
Sus dos pies frescos!
Dos pies que caben
en solo un beso
Al balcón azotan
Dos alitas blancas
Que llenas de miedo
Temblando me llaman
La risa, como en taza
De ónice árabe,
En su incólume seno
Bulle triunfante
Mi mano, que así embrida
Potros y hienas,
Va, mansa y obediente,
Donde él la lleva
Mas si amar piensas
El amarillo
Rey de los hombres,
¡Muere conmigo!
¿Vivir impuro?
¡No vivas, hijo!
Mas yo vasallo
De otro rey vivo,
Un rey desnudo,
Blanco y rollizo:
Su cetro– un beso!
Mi premio– un mimo!
