La Habana, 27 mar.- Con la participación de Nelson Herrera Ysla, curador y crítico de arte, y presidido por Nelson Ramírez de Arellano, director del centro anfitrión, el encuentro constituyó un espacio para el análisis del legado del líder de la Revolución en la concepción y consolidación de un certamen que, desde sus inicios, desafió los cánones eurocéntricos del arte contemporáneo.
Ramírez de Arellano, en declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias, subrayó el carácter político y decolonial de la iniciativa, ya que mientras la Bienal de Venecia surgió en 1895 como una necesidad de Occidente de establecer su dominio en las artes visuales, la de La Habana, justamente, hizo lo contrario: se organizó un evento de arte en el tercer mundo que mostró qué cosa es el arte de acuerdo con criterios propios, lo que hoy se denomina el Sur.
Por su parte, Herrera Ysla recordó el impacto directo del Comandante en el desarrollo del certamen, significando que siempre apoyó todo el trabajo organizativo, y sobre todo el concepto, las ideas que queria reflejar el certamen.
Fidel era un abanderado del tercermundismo, de la lucha de los pueblos de América Latina, Asia y África que no estaban incorporados a la escena artística internacional como queríamos; su pensamiento y su fuerza le imprimieron coraje a esa lucha, enfatizó.
Se evocó, además, la visita del líder al CAC en marzo de 1989, vísperas de la Tercera Bienal, consciente de la importancia internacional que estaba adquiriendo este evento.
Precisamente a partir de esa edición, subrayó el artista, la Bienal de La Habana se convirtió en pionera en la incorporación de textiles y cerámica a sus exposiciones, mientras otras —más reconocidas—, las rechazaban por considerarlas artesanías.
Aún no se le había ocurrido a Venecia, Sídney o São Paulo invitar a artistas de tres continentes, y ya esa Tercera Bienal trajo a artistas africanos, asiáticos y latinoamericanos, agregó el experto.
Tanto Herrera Ysla como Ramírez de Arellano coincidieron en que la creación artística de Wifredo Lam (1902-1982) constituye el alma conceptual de la historia del evento; para el primero, específicamente, las raíces —cubano de padre chino y madre africana—, hicieron que se sintetizaran en su obra los fundamentos de la cultura del Tercer Mundo.
A 42 años de su primera edición, la Bienal de La Habana continúa siendo un faro de resistencia cultural y una avanzada de las ideas de lo que José Martí (1853-1895) denominó Nuestra América, manteniendo vivo el legado de Fidel y la obra universal de Lam, trascendió en el ameno conversatorio. (Texto y Foto: Cubasí)
