La Habana, 26 abr.- No pretendemos demonizar la cirugía estética si funge como herramienta de bienestar, si es necesaria.
Un asunto que vemos mucho en redes sociales (RRSS) y que ha tomado auge en tiempos recientes a nivel mundial, aunque no es nuevo, es la corrección estética y el retoque facial. Es preocupante que ya no se trata, como antaño con la cirugía plástica, de reparar rasgos físicos resultado de traumatismos o enfermedades, incluso corregir supuestos defectos para eliminar complejos y aumentar autoestima, porque también.
Se ha trastocado su génesis a tal punto que parece no tener fin la fijación por el cambio, y cada quien es libre de asumir el riesgo que supone una intervención quirúrgica o procedimiento menos invasivo, pero llama la atención la cantidad de personas inconformes consigo mismas que prefieren someterse a todo tipo de práctica aunque implique cierto nivel de desagrado posterior porque nunca se sabe, deformidad para siempre o peligro mortal, como le ha sucedido a no pocas que se han quedado en el quirófano o muerto después, o aquellas que se vieron peor y no se atrevieron a volver a aparecer en público.
Este tipo de ejercicio ha trascendido para convertirse en un tema más complejo, casi una moda, que se adentra en terreno existencial cuando se pasa de la línea al modificar de manera sistemática aspectos que identifican. Sí, mejorar la apariencia está bien porque vernos mejor nos complace, pero cuando se vuelve manía y se acude a esta práctica constantemente para borrar las marcas del paso del tiempo o para cambiar partes, ya sea nariz, líneas faciales, pecho, abdomen y más, estamos ante un desequilibrio, una especie de dismorfia mental que surge de la no aceptación de lo que muestra el espejo.
Para muchos no basta con solo eliminar una arruga, sino perseguir un ideal. Por eso, si somos observadores y comparamos, quizás encontremos iguales facciones, misma nariz afilada, mismos labios henchidos, mismas cejas y prototipo de cuerpo voluminoso, como si salieran en serie de una fábrica determinada, como si los cirujanos no conocieran diversidad de formas, por ejemplo. (Texto y Foto: Cubasí)
