El fascismo que se disfraza Aquella primavera de 1945, el mundo entero exhaló un suspiro de alivio. El fascismo, vestido de esvástica y horror, había sido derrotado sobre los campos de Europa. El 9 de mayo, fecha fundacional del triunfo sobre el crimen organizado como política del Estado es una herida abierta que no debemos vendar con olvido.
Porque si algo nos enseñó aquella generación de jóvenes que plantaron cara a Hitler, es que el odio no desaparece, se recicla. Hoy, el neofascismo vuelve a caminar con otros ropajes, ya no son columnas de tanques, sino columnas de tuits violentos, algoritmos que siembran xenofobia y líderes que normalizan el discurso de la supremacía.
El neonazismo se codea en parlamentos, se cuela en campañas electorales y encuentra eco en quienes creen que la patria se defiende con exclusión, no con abrazo. Por eso, convertir aquella victoria del 9 de mayo en un llamado perpetuo es un acto de militancia intelectual y moral.
No podemos quedarnos en la foto en blanco y negro del soldado soviético ondeando la bandera en el Reichstag. La foto es memoria, pero la lucha es presente. Denunciar los discursos de odio es tan revolucionario como disparar contra un tanque. Porque el neofascismo no avanza con botas, avanza con memes, con frases supuestamente inocentes, con la banalización del horror.
Que el 9 de mayo no sea una fecha más en el calendario. Que sea un clavo ardiendo en la mano de cada periodista, cada maestro, cada vecino que se niega a normalizar el insulto. La victoria sobre el fascismo fue posible porque hubo quienes dijeron “basta” antes de que fuera tarde. Hoy, el “basta” tiene que ser más fuerte que el algoritmo. Porque el odio no es opinión, es semilla de genocidio. Y contra eso, ninguna neutralidad. (Martha Karla Gutiérrez Pacios/Estudiante de Periodismo/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)
