La salud en Cuba es un milagro diario

La salud en Cuba es un milagro diario

Hace unos días, en la sala de espera de un hospital, escuché a una madre susurrar a su hijo: “No te preocupes, mijito, aquí te van a atender aunque no haya…”.

La frase quedó incompleta, colgando en el aire como una metáfora de lo que callamos para no alarmar a los de casa, porque ese “aunque no haya…” es el estribillo de estos tiempos: aunque no haya marcapasos ni medicamentos oncológicos, aunque los proveedores se nieguen a vendernos equipos por el fantasma de las patentes estadounidenses, aunque 25 días de esta política genocida equivalgan al costo del Cuadro Básico de Medicamentos para un año entero.

De marzo de 2024 a febrero de 2026 el bloqueo de Estados Unidos le arrancó a la salud cubana más de 288 millones de dólares; con eso se habrían podido importar jeringuillas, gasas, suturas, catéteres, todo el material gastable del sistema nacional por nueve días, eso es 129 millones de dólares, dice la cuenta y sobraba.

En cambio 94 mil 729 pacientes esperaron por una cirugía, cuatro mil 507 oncológicos no fueron intervenidos. Cada cifra es una historia de dolor en una familia cubana.

El Sistema de Salud responde como un boxeador contra las cuerdas: reorganiza servicios, prioriza el Programa Materno Infantil, las urgencias y el tratamiento a pacientes nefróticos y oncológicos; impulsa la medicina natural y tradicional; y cambia la matriz energética con talento propio y solidaridad internacional. Ya suman paneles solares en 282 policlínicos, 78 hogares de ancianos, 97 hogares maternos y 15 hospitales.

Porque no todo lo que brilla son dólares. También hay luz en lo que hacemos con lo que tenemos. Y si la industria de medicamentos no puede comprar directamente a los fabricantes con patentes en Estados Unidos, la solidaridad -como la donación de casi 600 marcapasos por parte de Global Health Partners y MediCuba Europa- demuestra que la humanidad, la de verdad, no necesita visa para entrar.

El bloqueo es real, insisto, y es una herida abierta en el Sistema de Salud Pública, pero mientras perdure esta asfixia criminal, también se multiplican los actos de valentía cotidiana: la doctora que improvisa, la enfermera que viaja kilómetros con tal de llegar al puesto, el joven médico que investiga sin acceso a bases de datos científicas internacionales, el paciente que lleva su propio bisturí.

Hacer Periodismo en Cuba también es contar como sobrevivimos, como no claudicamos y como, pese a todo, se curan vidas. (Texto: Martha Karla Gutierrez Pacios/estudiante de Periodismo)

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