Nuestra y de las flores, siempre Celia

La Habana, 9 may.- El 9 de mayo de 1920, en Media Luna, actual provincia de Granma, nació la combatiente revolucionaria Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, simplemente Celia, para los cubanos.

Querida por el pueblo, entró en el corazón de todos por su sencillez, entrega y pasión por la Revolución y la defensa de los más humildes. Hija de Manuel Sánchez Silveira y Acacia Manduley Alsina, recibió una educación, junto a sus hermanas y hermanos, de valores que la convirtieron en un ser especial: el patriotismo, el amor a Martí, la vocación altruista y solidaria, la valentía y firmeza que se pondrían de relieve durante su existencia.

Sus ideas revolucionarias y sentido de justicia la motivaron a integrarse al Movimiento 26 de Julio y la lucha en la Sierra Maestra. Desde que, en julio de 1953, conoció del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, comprendió que en Fidel Castro Ruz estaban puestas las esperanzas de libertad de Cuba.

Según escribió Pedro Álvarez Tabío, en el libro Celia, ensayo para una biografía, en uno de los viajes a La Habana, a finales de 1956, Celia le planteó a Armando Hart y a otros integrantes del Movimiento su deseo de partir hacia México y regresar junto a la expedición.

“Pero Frank, con quien ya había discutido el asunto se opuso rotundamente, pues entendía que su presencia en la zona sería vital en el momento de la llegada de la expedición”, subrayó Tabio.

Ella acató la orden. Se entregó a organizar los preparativos para apoyar a los expedicionarios, cuando estos arribaran. Ante la incertidumbre de lo ocurrido durante el desembarco, luego de haber conocido el levantamiento en Santiago de Cuba, tomó la decisión de ir hasta Santiago de Cuba para comunicarse con Frank y saber cuáles eran las orientaciones.

El 2 de diciembre de 1956, en los momentos en que ya aconteció el desembarco en Los Cayuelos, cerca de playa Las Coloradas, los esbirros de la tiranía detuvieron a Celia en Campechuela. Su astucia le permitió escapar de las manos enemigas.

Después vendrían jornadas inciertas ante las informaciones que se divulgaban sobre la muerte de Fidel. Ella en su interior, mantuvo la convicción de que él estaba vivo y libre.

Finalmente, el 19 de diciembre, la felicidad se reflejó en su rostro. El revolucionario Mongo Pérez viajó a Manzanillo y le confirmó que el líder cubano y otros dos compañeros se encontraban en su finca en Cinco Palmas desde el 16, y dos días después se había incorporado el grupo encabezado por Raúl Castro.

Mongo Pérez le dijo que Fidel recababa el apoyo a los rebeldes en parque, dinero, ropas, calzado… y ella, inmediatamente, se dio a la tarea de conseguir todos los suministros posibles, los cuales entregó a Mongo, luego de que este regresara de su encuentro con Frank en la urbe santiaguera.

“Y el 30 de diciembre, apenas once días después de haber confirmado la supervivencia de Fidel, despide de Manzanillo el primer grupo de militantes del Movimiento, que ha organizado como refuerzo del destacamento guerrillero, compuesto por once combatientes”, afirmó en el libro Álvarez Tabío.

“Más adelante, otros ocho militantes salen en el segundo grupo de refuerzo y llevan consigo valiosas armas, y otras provisiones como: latas de dulce, leche condensada, setenta uniformes completos, hamacas, capas de agua de nylon, botas, gran cantidad de medicinas, instrumental quirúrgico…”

Aún Celia no conocía personalmente al jefe guerrillero. Las condiciones para ello se crearon en febrero, cuando se pudo concretar la entrevista de Fidel con el periodista norteamericano Herbert Matthews, del diario The New York Times, y la posterior reunión con los principales dirigentes del Movimiento.

Para esa ocasión, ella concentró los esfuerzos en la obtención de recursos que llevaría al grupo de rebeldes: ropa, zapatos, medicinas, chocolates, toallas, bolígrafos, gasolina, piedras de fosforeras, galletas, bombones, pasta y cepillos de dientes. Y el 15 de febrero de 1957, al atardecer, salió junto a Frank País y Felipe Guerra Matos con rumbo a la finca de Epifanio Díaz, donde se desarrolló la reunión.

Finalmente, el 16 de febrero se produjo el esperado encuentro con Fidel, quien, preocupado, insistió a Celia y Frank en que era preciso reunir en la Sierra Maestra a todos los revolucionarios perseguidos en las ciudades, incluidas las mujeres.

También hablaron, entre otros temas, sobre las medidas para hacer llegar el refuerzo de combatientes y armas que Frank preparaba en Santiago. Conversaron hasta tarde, cuando se incorporó el otro grupo integrado por Armando Hart, Vilma Espín, Haydée Santamaría y Faustino Pérez.

Ese día Celia también conoció a Raúl Castro, a Juan Almeida, Che Guevara, Camilo Cienfuegos y el resto de los combatientes del Granma.

Pocas horas después, el 17, se celebraría la entrevista con el periodista norteamericano. Y luego del regreso a Manzanillo de Herbert Matthews, Fidel se reunió con los dirigentes del Movimiento 26 de Julio. Ahí participaron: Raúl, Frank, Celia, Hart, Haydée, Vilma y Faustino.

Raúl escribió en su diario: “Pasamos un día muy contento comiendo infinidad de golosinas que nos habían traído y sobre todo por tener entre nosotros, aunque sea por breve tiempo, aquellos queridos compañeros que, con los demás que vendrían esa noche, constituyen en una gran parte la flor y nata del 26 de Julio”.

Más tarde, en abril de 1957, el propio Raúl escribe en un mensaje: “Tú te has convertido en nuestro paño de lágrimas más inmediato y por eso todo el peso recae sobre ti; te vamos a tener que nombrar Madrina Oficial del Destacamento”.

Fue el 23 de abril cuando Celia se reincorporó al grupo guerrillero. Al respecto, Tabio escribió: “Aunque otra vez subió con la intención de quedarse, la decisión no es tomada sino varios días después, ocasión del regreso de Haydée al llano, cuando Fidel le dice que no es necesario que ella se vaya, pues por el momento no hay nada urgente que hacer en Manzanillo.

“Así, Celia se integra a la escuadra de la Comandancia, compuesta en ese entonces por Fidel, Che, Ciro Redondo, Manuel Fajardo, Luis Crespo, y Universo Sánchez, y comienza de inmediato a ganarse por derecho propio un lugar en la guerrilla”.

La vida demostraría la valentía, lealtad, capacidad organizativa, visión estratégica y sensibilidad social que caracterizarían a Celia, no solo durante la lucha en la Sierra Maestra, sino, en la construcción del proyecto revolucionario al que se entregó en cuerpo y alma hasta su muerte, el 11 de enero de 1980. (Texto y fotos: ACN)

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