Cubadisco no lo para nadie: el festival homenajea al son cubano

La Habana, 15 may.- La 38 edición del Festival Internacional Cubadisco arranca este 14 de mayo en La Habana con una premisa que trasciende lo musical: demostrar que la cultura no es un lujo dispensable, sino un acto de resistencia cotidiana.

En un contexto donde los apagones eléctricos han vuelto a marcar la rutina de millones de cubanos, la agenda del festival despliega 17 días de conciertos, simposios, exposiciones y presentaciones discográficas en 17 espacios de la capital, desde el Teatro Nacional hasta las comunidades de Guanabacoa.

La cita cardinal es la Gala de Premiación, programada para el 16 de mayo en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional. Allí se conocerán los ganadores de los premios que durante cuatro décadas han funcionado como termómetro de la producción fonográfica cubana. Pero Cubadisco no es solo una noche de estatuillas.

Es una infraestructura cultural que articula 12 géneros musicales —del son al jazz, de la rumba al hip-hop— y que este año incluye por primera vez un Simposio Internacional «Salón de Mayo» dedicado al son, con la participación de musicólogos, productores y agrupaciones históricas como Los Naranjos, en su centenario.

De Adalberto Álvarez a Issac Delgado: la memoria viva del son

La programación del Pabellón Cuba, corazón del festival, confirma que Cubadisco no renuncia a sus raíces. El 16 de mayo, la Orquesta Adalberto Álvarez y su Son abre el ciclo nocturno en el Escenario Central, con el proyecto Retomando el Son como invitado.

Es un gesto de continuidad: Álvarez, fallecido en 2021, sigue siendo referencia obligada para entender la evolución del género en las últimas cuatro décadas. Dos días después, Haila María Mompié ocupa el mismo escenario con Maikel Dinza como invitado, en una apuesta por la salsa que no renuncia al formato orquestal.

La nómina de artistas consagrados se completa con la Orquesta Aragón (20 de mayo), Maykel Blanco y su Salsa Mayor (23 de mayo) e Issac Delgado y su Orquesta (24 de mayo).

Son nombres que garantizan público, pero también funcionan como puentes generacionales: Delgado, por ejemplo, surgió de la timba de los noventa y se consolidó como figura del son contemporáneo. Su presencia en el cierre del ciclo de conciertos del Pabellón Cuba no es casual.

Es la confirmación de que la música cubana popular sigue produciendo lenguajes propios, aunque la industria discográfica esté en números rojos.

El homenaje a Jorge Gómez, programado para el 22 de mayo en la Sala de Cine del Pabellón, añade una capa de memoria. Gómez, guitarrista y compositor, fue figura clave del movimiento de la Nueva Trova y de la fusión posterior. Que su reconocimiento ocurra en un espacio destinado originalmente a proyecciones audiovisuales —y no en un escenario de concierto— es una decisión curatorial que habla de la hibridación de formatos que caracteriza a esta edición.

El jazz como ventana internacional

Si el son y la salsa anclan Cubadisco en lo local, el jazz funciona como su puerta de diálogo con el exterior. El 21 de mayo, el trompetista Yasek Manzano —una de las figuras del jazz cubano contemporáneo— presenta «Rompiendo la Rutina» junto a la Orquesta de Jazz de Zúrich, en una colaboración que incluye al musicólogo Miguel Ángel Farcua Velazco como moderador.

Es la única presentación con participación europea directa en la programación principal, aunque la presencia internacional se extiende a la guitarrista búlgara Viktoria Lasaroff, que actúa en la Casa Vitier García Marruz y la Basílica Menor de San Francisco de Asís.

El jazz también aparece en formatos más íntimos. Belinda Guerra y su Cuban Jazz Ensemble presentan «Bebop Havana» el 20 de mayo, mientras que la Jazz Band del Conservatorio Amadeo Roldán cierra el ciclo de jam sessions en La Pérgola el 23 de mayo.

Estas propuestas, dirigidas a públicos más especializados, equilibran la programación masiva del Escenario Central con espacios de experimentación donde la formación académica —el Conservatorio Guillermo Tomás, la Escuela Elemental Paulita Concepción— se muestra como reserva de futuro.

De las academias a las comunidades: Cubadisco como política cultural

La programación incluye dos ejes que suelen quedar fuera de los titulares: el académico y el comunitario. El Simposio Internacional «Salón de Mayo», que se desarrolla del 17 al 21 de mayo, aborda temas como la enseñanza de la música popular en las academias, los concursos en la era digital, y el consumo del son entre estudiantes de la Universidad de las Artes.

Las ponencias de Janio Abreu, Iliana García y María Nela Hernández Ojeda no son accesorias. Son el intento de sistematizar una práctica musical que durante décadas se transmitió de forma oral.

En el otro extremo, «Cubadisco en las Comunidades» lleva la música a espacios no convencionales. El 21 de mayo, la Casa de Niños sin Amparo Parental en Guanabacoa recibe una actividad infantil y la entrega de donaciones por parte del festival.

Es un gesto menor en términos presupuestarios, pero significativo en términos simbólicos: en un país donde la desigualdad territorial se agudiza, llevar música a Guanabacoa —municipio históricamente postergado respecto al centro habanero— es una forma de recordar que la cultura no debe quedarse en el circuito turístico.

La Colmenita, agrupación teatral infantil fundada por Carlos Alberto Cremata, aporta su versión de «La Cucarachita Martina» el 23 de mayo en el Escenario Central, celebrando además los 90 años de Iraida Malberti, actriz vinculada a la compañía. Es una de las pocas propuestas dirigidas explícitamente al público infantil en una programación dominada por formatos para adultos.

La electricidad como protagonista ausente

Ninguna nota sobre Cubadisco 2026 puede eludir el contexto. Cuba atraviesa una crisis energética que ha provocado apagones de hasta 12 horas en casi toda la isla.

En La Habana, la situación es menos crítica pero la cultura cubana no se apaga. Que el festival mantenga su programación nocturna —con conciertos que terminan a las 8:00 PM o más tarde— implica una apuesta logística que depende de generadores, horarios ajustados y la buena voluntad de una infraestructura eléctrica que no da garantías.

Los organizadores no han hecho pública la inversión en equipos de respaldo, pero la decisión de mantener la agenda completa —incluyendo proyecciones cinematográficas en la Sala de Cine y presentaciones discográficas en La Pérgola— sugiere que la cultura se ha convertido en prioridad dentro de un país donde las prioridades escasean.

No es la primera vez: durante el Período Especial de los noventa, el Festival de Jazz de La Habana siguió adelante con conciertos a la luz de velas. La tradición de hacer cultura pese a todo es, en sí misma, un rasgo identitario.

Una edición sin grandes anuncios internacionales

A diferencia de ediciones anteriores, Cubadisco 2026 no incluye en su programación principal a figuras del rock o la música urbana internacional que en años pasos funcionaban como gancho mediático.

La presencia extranjera se concentra en el jazz europeo y en participantes de Venezuela y México en el Rincón del Bolero. Es una edición más contenida, más local, más orientada a la consolidación de circuitos internos que a la proyección exterior.

Esto no es necesariamente una debilidad. En un momento donde la diplomacia cultural cubana enfrenta restricciones de viaje, visados y financiamiento, apostar por lo propio es también una forma de resistencia.

El Premio Galardón Agrupación Joven 2025 del Programa Iberorquestas Juveniles, que se entrega el 21 de mayo en la Basílica de San Francisco de Asís, es un ejemplo: reconoce talento formativo sin necesidad de validación extranjera.

Cubadisco 2026 no promete ser la edición más brillante de su historia. Pero en un contexto de apagones, escasez y emigración masiva de músicos jóvenes, el simple hecho de que exista —con 17 días de programación, 17 espacios y una agenda que va del son académico al rap en La Rampa— es ya una declaración de principios. La música cubana, parecen decir los organizadores, no se apaga cuando se va la luz. Se adapta, resiste, y sigue. (Texto y Foto: Cubasí)

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