Camagüey, 23 dic.- Como cada año, los agramontinos rendimos homenaje a uno de los más grandes héroes de la independencia cubana, Ignacio Agramonte Loynaz, El Mayor, nacido el 23 de diciembre de 1841 en el Camagüey. Su vida y legado son un faro de valentía y dedicación en la lucha por la libertad de Cuba.
Agramonte no solo fue un destacado líder militar, sino también un visionario que entendió la importancia de la unidad y la justicia en la búsqueda de un mejor futuro para Cuba. Su firme compromiso, su capacidad estratégica en el campo de batalla y su pasión por la libertad, lo convirtieron en un símbolo de resistencia. A lo largo de su corta pero intensa vida, demostró que el amor por la patria puede trascender cualquier adversidad.
Hoy, al recordar su natalicio honramos no solo al guerrero, sino al hombre que soñó con una Cuba libre y soberana. Su espíritu vive en cada rincón de la tierra y su nombre permanece grabado en el corazón de todos los cubanos, principalmente, de los que nos sentimos agramontinos. Su figura evoca una profunda conexión entre el valor y la pasión, que resuena en los corazones de hombres y mujeres; y sus ideales permanecen firmes, a la altura de la vergüenza que nos caracteriza, la de él, la de todos los cubanos.
Y como dijera Martí, estamos ante un Diamante con Alma de Beso, aquel que: Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella.
