Expertos atribuyen colapsos en Venezuela a energía acumulada en fallas tectónicas

Caracas, 5 jul.- Un inusual fenómeno geológico denominado doblete sísmico, caracterizado por la liberación súbita de energía acumulada durante décadas, causó la destrucción de infraestructuras en el norte de Venezuela el pasado 24 de junio tras el choque de las placas tectónicas del Caribe, Sudamericana y de Cocos.

Los sismos registraron magnitudes consecutivas de 7.2 y 7.5 en un intervalo menor a 35 segundos, un patrón inédito en la historia sismológica del país suramericano que activó el despliegue inmediato de planes de rescate, auditorías estructurales y asistencia humanitaria internacional.

El ingeniero geólogo y doctor en geofísica, Rodolfo Ayala Sánchez, explicó que el movimiento se originó por el desbloqueo de energía en el sistema de fallas que atraviesa el territorio venezolano. Respecto a la naturaleza del evento, Ayala puntualizó: «Lo que ha pasado en realidad en Venezuela es de que ha ocurrido lo que se llama el fenómeno de un doblete sísmico».

El especialista detalló que el primer sismo de 7.2 funcionó como premonitorio y, en menos de 35 segundos, ocurrió el segundo de 7.5: «Este es un fenómeno que normalmente no es usual (…) por los antecedentes parece ser la primera vez que ocurre en Venezuela».

Tecnología satelital de la NASA documentó deformaciones y desplazamientos de hasta 40 centímetros en la superficie de la costa norte venezolana. Ayala especificó que un sismo de magnitud siete «significa que han sido más de prácticamente 1000 veces más grandes» en liberación de energía en comparación con uno de magnitud 5, lo que provocó que «se mueve un gran segmento de las fallas geológicas preexistentes».

El experto recordó que los mapas de amenaza sísmica calculan modelos probabilísticos con periodos de retorno de entre 50, 100 y hasta 250 años, confirmando la imposibilidad de predecir la fecha exacta de estos fenómenos.

Frente a la emergencia, los especialistas señalan como prioridad la respuesta inmediata y el rescate de sobrevivientes atrapados en estructuras colapsadas. Posteriormente, el protocolo exige una auditoría estructural profunda y la actualización del código sísmico nacional.

Ayala enfatizó: «Debemos, sin lugar a dudas, actualizar el código sísmico de Venezuela (…) debemos imaginar inclusive escenarios mucho más complejos como lo que ha sido el doblete sísmico».

Este proceso implica realizar estudios de microzonificación sísmica para caracterizar el suelo y ejecutar planes de ordenamiento territorial que prohíban construir en áreas vulnerables, además de reforzar hospitales, escuelas y centrales energéticas bajo el principio de «reconstruir mejor de lo que eran anteriormente las edificaciones».

Impacto geológico y vulnerabilidad de la infraestructura costera

La gravedad de los daños estructurales responde directamente a las características del terreno y a la naturaleza superficial de los movimientos, localizados a menos de 20 kilómetros de profundidad. Los analistas indicaron que «el suelo de La Guaira en general es un suelo donde hay una napa freática superficial, o sea, agua cercana a la superficie, y también el terreno no es rocoso».

Esta condición, donde la profundidad de la roca firme se encuentra «a veces a 150, 300 metros o más», funcionó como un factor detonante de la destrucción.

Los expertos asociaron los colapsos a la antigüedad de los inmuebles edificados hace 30 o 40 años, época en la que «no existían las tecnologías actuales ni los criterios constructivos actuales», además de eventuales errores de diseño.

No obstante, precisaron que el factor suelo explica «cómo edificaciones muy muy antiguas pueden mantenerse si es que no han sido afectadas fuertemente por el sismo», debido a que la calidad del terreno varía al interior de las mismas ciudades, siendo óptima en unos sectores y deficiente en otros.

La gestión posdesastre proyecta una transición compleja que requerirá el establecimiento de albergues temporales y la reubicación de la población en zonas seguras, paralelamente a la remoción de escombros que suele demorar entre seis meses y un año.

Con base en experiencias en Centroamérica, el Caribe y Japón, los especialistas advierten sobre el riesgo del choque de estructuras con rigidez dispar durante réplicas fuertes, como el contacto entre viviendas de adobe y concreto. Ante la magnitud de la situación, redes de solidaridad internacional en países de la región, como Perú, ya organizan colectas de materiales para ser donados a Venezuela. (Texto y Foto: Cubasí)

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