El escabroso camino a la luz

El escabroso camino a la luz Foto: Internet

Los «tiempos eléctricos» que corren tensan la voluntad. Llegar a la luz se ha vuelto un camino escabroso, empedrado en extremo.

Horas, muchas horas, duran los apagones en un proceso casi interminable pues el país redujo drásticamente el servicio, hecho que desemboca en severas afectaciones en su espectro más amplio, desde la economía hasta la sociedad.

Pero, y aunque las explicaciones, no justificaciones, se reiteran con frecuencia el rango de comprensión se comprime ya que el tema golpea, con cortos periodos de «tregua», desde hace años, aunque ahora se vivan escenarios parecidos al llamado periodo especial de la década de los 90 del siglo XX.

Ingentes son los trabajos para reactivar la mermada generación térmica, que antes del colapso reciente del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), estaba signada por niveles tan discretos que, sin ser especialistas, se presagiaba la inminencia de la desconexión general.

Se ha dicho y bien claro: no hay combustible, diésel y fuel oil, para tener en funcionamiento, tanto la generación distribuida como las llamadas patanas.

Las medidas restrictivas de Donald Trump, junto al cambio violento de liderazgo en Venezuela, cortaron una de las venas de entrada del llamado oro negro.

Sume, por si fuera poco, que Estados Unidos amenazó con represalias a los países que osaran romper el cerco petrolero a Cuba.

Tenemos un gran potencial con los parques solares fotovoltaicos (más de mil MW) pero por diversos motivos no se habían montado previamente tecnologías capaces de almacenar y estabilizar esas entregas, que son muy variables en su aporte, por efecto de las lluvias o la alta nubosidad entre otros factores negativos.

Cuando se diagnostica el estado de las unidades térmicas el resultado es uno: deterioro generalizado, tal es el caso de la CTE Antonio Guiteras, de Matanzas, urgida de una reparación capital y pospuesta, repetidamente, por falta de recursos y por evitar que los cortes sean más graves, si acaso pueden serlo.

Cuba requiere más de tres mil 500 MW para atender la demanda diaria y otros 500 adicionales de reserva para encarar cualquier contingencia. Ambos propósitos, se sabe, parecen narrativa de ficción.

Todos los inconvenientes desencadenan multiplicidad de enfoques ciudadanos sin obviar, porque no puede hacerse, el agresivo discurso mediático esgrimido por fuentes cercanas a Washington, que con total desfachatez desvirtúan las reales causas del problema.

El objetivo, eso sí, es abiertamente para fomentar descontentos, siempre con matrices que insisten en que los apagones en la isla son por incompetencias de los dirigentes y no como una derivación directa de una cada vez más irracional política de hostigamiento imperial.

Mientras se encaminan en varias direcciones la búsqueda de alternativas viables, es impensable que haya una mejoría eléctrica.

Se pronostica para el mes en curso un discreto aumento en la producción energética, sobre los 400 MW, por la entrada de varias unidades, empero la obsolescencia técnica sigue siendo tan elevada que, prácticamente, no hay jornada en la que no se sucedan salidas por disímiles argumentos.

Quizás entonces es cuando se debe exigir más a los despachos de carga respecto a una superior transparencia en la divulgación. Lamentablemente eso sigue en penumbras pese a los reclamos de la ciudadanía.

¿Es tan difícil manejar esa información? Fácil no es, en su sentido literal, pero hay que llevar a la población una mejor y más detallada explicación, a pesar de las tensiones con la disponibilidad diaria.

Porque falta hace, y no es por capricho. (Texto: Gilberto Rodríguez Rivero/Radio Cadena Agramonte)

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