Camagüey, Cuba, año 2026. Mucho se escribirá en el futuro de los tiempos tan complejos que marcaron en los últimos meses a quienes habitan la mayor de las Antillas. Carencias de toda índole limitan el uso de la palabra calidad y vida en una misma idea, de ahí que encontrar quienes pongan empeño en llevar adelante negocios en ese contexto resulta alentador, más cuando se trata de personas jóvenes.
Adisbel Varona Velazco encontró en el arte una pasión, tanto que lo tiene presente siempre, incluso cuando decidió encausar los pasos por el camino del emprendimiento, poniéndole azúcar y sabor a un sueño que nombró Paladis y recibe a los clientes más variados en el reparto La Vigía.
¿Cómo llegaste a esta idea?
“Comencé a hacer dulces por placer en la casa, a probar cuando incluso mi cocina era pequeñita; inicié con cupcakes, cheesecake, porque quise probar. No me gustaban los dulces de siempre, la verdad, me aburrían un poquito. No me gustaba la mermelada de guayaba, soy cubana, pero no me gusta. Entonces trataba de hacer algo diferente en casa. Yo no soy tan dulcera, me comía un pedacito y lo demás era para la familia, lo compartía con alguna amistad o mi mamá se lo llevaba para el trabajo para presumir de la hija.
Y al final seguí haciendo dulces hasta que una amiga me dijo: «Tú deberías vender estos dulces. Si lo haces yo los compro». Y así me entró el loco y lo intenté, publiqué en Revolico, que creo es el mejor lugar para los cubanos vender, y llegó el primer pedido. Me acuerdo que todavía trabajaba en las artes escénicas y fue salir de allí para correr a la cocina. Terminamos tardísimo porque no había experiencia, pero los clientes súper felices y se quedaron.
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Estuve alrededor de un año haciendo dulces por servicio a domicilio. Nos iba bien, logramos adelantar mucho. Tuve personas que me ayudaban en la casa pero no era lo que quería, siempre quise tener un espacio como este (Paladis) para hacer dulces; luego supe todos los requisitos que llevaba y en ese momento comienza la emigración en Cuba, muchos de mis clientes se fueron, algunas de las amistades que me apoyaron también. Así caí en varias preguntas: ¿Qué hago si los clientes se van?, ¿qué hago si la situación está tan complicada? Y decidí cerrar, poner ese sueño en standby y me dediqué a otras cosas.
Seguí de allí hacia otro emprendimiento que era vender artículos de repostería, que todavía mantengo, y otras tantas cosas. Al final, después de unos dos años, donde pude viajar, conocer; siempre que llegaba a algún lugar traté de probar dulces, ver si era igual que los míos. Y al final dije: «Bueno, esto es lo que me gusta».
Entre mi esposo y yo decidimos que se podía hacer un espacio. Tuvimos que invertir y nos tomó mucho más tiempo del pensado abrir, pero tuvimos mejores condiciones. Y así llegamos a Paladis, donde es una unión de dos nombres y de dos pasiones, el café y los dulces.
¿Eres una mujer negra, en este entorno de emprendedores has vivido alguna forma de discriminación?
“Si te soy honesta, lo viví de niña, de adolescente, pero me ayudó mucho a tener una mejor autoestima. Así que hoy en día los agradezco mucho porque, sí hubo un tiempo donde me sentía muy mal, pero aprendí a quererme, a querer mi pelo; aprendí a querer mi color de piel que, además, es mucho más fuerte de lo que se piensa. Pero desde que comencé el emprendimiento, honestamente no recuerdo haber encontrado una situación de ese tipo. Hay cosas que están en la mente de uno, pienso yo, y si mi mente es fuerte nada de eso tiene por que afectarme.
Pienso honestamente que quien tiene un problema o critica a alguien más es un problema de esa persona. Entonces si alguien ha intentado, yo ni me he enterado y lo he ignorado totalmente”.
En un panorama económico tan cambiante ¿cómo se logra seguir adelante con un emprendimiento?
“Amar lo que haces es esencial. Yo amo lo que hago y por eso no me rindo, aun cuando hayan días donde no tengo una ganancia, que incluso pierdo, donde he tenido que poner cosas en la basura como insumos, materiales o dulces que se echaron a perder por la corriente; cosas que hemos perdido porque de un día para otro los precios cambian.
Es seguir adelante, no rendirse y también, por supuesto, aprender, estar en constante aprendizaje. Yo pasé un curso en Cuba Emprende, y aunque ya tenía una base porque he ido estudiando la contabilidad de un negocio, allí mejoré mucho más y entendí otras cosas, porque uno tiene que saber hacer las cuentas para tu negocio, para hoy, para mañana, para por si acaso. De todos modos siempre afecta, porque si los precios son tan cambiantes siempre hay riesgos, pero no de la misma manera.
Me dijiste que eras graduada de Historia del Arte.
Sí.
Pero ahora son otros los caminos. ¿Has logrado seguir con esas pasiones que te llevaron a la Historia del Arte como profesión o ha tenido que ponerse en pausa por la dinámica actual?
“Yo me decepcioné un poco de la Historia del Arte aquí en Camagüey, pero sigo amando el arte, y está a mi alrededor. Tengo pensados proyectos de algún día hacer juegos de preguntas y cosas que tengan que ver con mi carrera, y también impulsar a otras personas a que aprendan, porque desgraciadamente el público ha perdido un poco de cultura por la situación en la que se vive. Pero me gustaría hacer, por ejemplo, un juego de preguntas donde pongo cuadros y las personas pueden adivinar, y si dan la respuesta correcta se llevan algo gratis o un premio. Ya tengo los cuadros y todo, lo que necesito es el tiempo para hacerlo.
Sigo en contacto con mis compañeros, voy a galerías, al teatro cuando puedo. Ahora mismo estoy leyendo Cien años de soledad; entonces sí, es una pasión que está ahí, que aunque uno no lo crea, en mi negocio también está de una u otra forma, porque tal vez la música que pongo, la forma en la que trato de organizarlo es diferente, porque al fin y al cabo tengo algo ahí”.
En las cuentas de la vida, la visión del mañana ¿qué necesitas para tu futuro o cómo lo ves?
“Yo quisiera participar en un gran concurso de repostería, me gustaría algún día un gran restaurante con una estrella Michelin, cosas así. Uno empieza a soñar mucho porque me gusta estudiar. No sé si podrá ser en Cuba o si habrá que salir del país, pero yo quisiera mantener este espacio, no hay nada como salir bien y triunfar en tu país, con tú gente.
Yo otra de las cosas que tengo pensada y que estoy invirtiendo de vez en cuando conocimiento, es rescatar dulces tradicionales. Tengo libros, estudio, porque hace un tiempo conocí a una señora que hacía dulces y escuché de mezclas de coco con piña y otras cosas. Sé que hay uno que se llama Pensamiento Habanero, está el Majarete y el Boniatillo, entre otros, que me gustaría ir poco a poco rescatando; no tanto venderlos como compartirlos con otras personas, pues quisiera rescatar un poco de lo tradicional porque siempre pensamos en el congrí o la carne de cerdo asada, pero hay muchísimo más.
Es un futuro de hacer, de conquistar, de trabajar.
Así mismo, es ir adelante y no solo quedarnos en los dulces internacionales, que son los que mayormente ofertamos en Paladis, de vez en cuando tenemos algunos dulces cubanos pero me encantaría traerlos un poco más a los tiempos actuales, incluso modernizarlos un poquito, porque rescatar lo autóctono es lo más bonito que hay”.
