Enmienda de Kigali: revolución silenciosa contra el calentamiento global

La Habana, 7 sep.- A simple vista, parece un éxito más de la diplomacia internacional, pero la Enmienda de Kigali que, este 2026, cumple una década, es probablemente el acuerdo climático más efectivo.

Mientras las cumbres globales se enredan en promesas y metas a largo plazo, este tratado, nacido como una actualización del legendario Protocolo de Montreal (1987), logra lo que parece imposible: enfriar el planeta de manera tangible y mensurable.

Para entender su magnitud, basta con un número: 0.5 grados Celsius. Ese es el calentamiento global que la enmienda puede evitar para finales de siglo. No es una aspiración, sino una proyección basada en eliminar de forma gradual los hidrofluorocarbonos (HFC).

Esos gases se utilizan masivamente en aires acondicionados y sistemas de refrigeración y poseen un potencial de aceleración del calor superior al del dióxido de carbono, según criterios de expertos.

La paradoja resulta cruel: la tecnología que permite conservar los alimentos y soportar el calor extremo, también acelera el cambio climático con un poder descomunal. La Enmienda de Kigali pone freno a esta bomba de tiempo.

El éxito no es casualidad. Se apoya en la estructura del Protocolo de Montreal, considerado el tratado ambiental más exitoso de la historia, respaldado con financiamiento: el Fondo Multilateral inyecta recursos y asistencia técnica para que los países en desarrollo puedan realizar la transición tecnológica.

Un decenio después, el engranaje está en pleno funcionamiento, con hitos claros y plazos ajustados. En 2026, el mundo se prepara para el primer gran recorte. Los países en desarrollo, que congelaron su consumo de HFC en 2024, tienen su primera meta de reducción de 10 por ciento (%) para 2029.

Los ejemplos concretos se multiplican. Cuba, con un plan que recibió financiamiento de 325 mil dólares, se propone alcanzar esa reducción de la décima parte para el 2029.

Paraguay ha lanzado su propia hoja de ruta que apunta a una ambiciosa reducción del 85% para 2040. La proyección por un futuro más frío ya no constituye una promesa, es una carrera contrarreloj en la que cada país tiene su propio calendario.

Pero, más que cifras y plazos, apunta a un acuerdo que transforma vidas. Un reciente informe del Secretariado del Ozono, titulado «Diez años de Enfriamiento: La Enmienda de Kigali a través de la Lente Femenina», revela una dimensión humana fascinante.

En Barbados, la instructora Shakira Boyce entrena a una nueva generación de técnicos en refrigeración y lidia con la brecha entre la política y la práctica cotidiana. En Senegal, Sokhna Fall Diawara, técnica y emprendedora, observa cómo el éxito depende de formar a los instaladores y de un control estricto de las importaciones.

Mientras, en Ruanda, Leyla Sayin trabaja para que la expansión de las cadenas de frío no solo preserve los alimentos, sino que también empodere a las mujeres agricultoras. Son ellas, y miles de personas como ellas, quienes hacen de la Enmienda un hecho.

No está exento el camino de obstáculos. En un mundo cada vez más complejo, la implementación efectiva es el gran desafío.

Por tal motivo, organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Mundial de Aduanas (OMA) han unido fuerzas. Su mensaje deviene bien claro: el éxito de Kigali depende de que se pueda hacer cumplir.

En las aduanas está la primera línea de defensa. Detener el comercio ilegal de estos gases, verificar las licencias y formar a los funcionarios es tan crucial como la tecnología misma.

«La acción climática no termina con los compromisos en el papel», subrayan desde el PNUMA. «Depende de una aplicación efectiva y de instituciones sólidas”. El tratado ambiental más exitoso del mundo no puede permitirse un talón de Aquiles en su aplicación.

En un panorama climático a menudo desalentador, la Enmienda de Kigali emerge cual un faro de esperanza. Demuestra que la cooperación internacional, basada en la ciencia y con financiación real, sí funciona.

Cuando este año se celebre el 16 de septiembre el Día Mundial de la Preservación de la Capa de Ozono, el orbe no solo evocará la protección de un escudo invisible, también celebrará los aciertos de un acuerdo que, silenciosamente, escribe una de las historias de éxito más importantes en la lucha contra el calentamiento global.

Este es, sin lugar a dudas, un acuerdo que, literalmente, está enfriando el planeta. (Texto y foto: ACN)

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