EE.UU, 8 nov.- Que una canción, supuestamente concebida para tranquilizar a bebés, haya alcanzado unos 850 millones de reproducciones en servicios de audio en Internet, y por encima de 14 millones de visualizaciones particularmente en YouTube, es asunto que merece atención.
¿Existe en realidad una canción “mágica” para silenciar a pequeñitos llorones, o están tan desesperados los padres que apelan a cualquier recurso que les recomienden?
Hay de lo uno y de lo otro, si consideramos como “magia” el resultado de un diseño científico.
La protagonista del alboroto es “La canción feliz” -The Happy Song-, de la compositora británica Imogen Heap; y que diez años después de su lanzamiento, acumula esa impresionante cantidad de reproducciones.
En 2016, una marca británica de alimentación infantil, Cow & Gate, hizo el encargo para ganar visibilidad en su comunidad digital de padres.
La campaña contó con la colaboración de dos psicólogos de Goldsmiths, Universidad de Londres , y de la agencia publicitaria BETC London. La propia universidad presentó el proyecto como la primera canción creada a partir de investigaciones científicas para hacer felices a los bebés.
La expresión publicitaria fue incluso más contundente: «la primera canción científicamente probada para hacer felices a los bebés». No era una descripción inocente. Convertía un experimento psicológico y musical en una promesa muy atractiva para cualquier mamá o papá agotado por el llanto de su hijo.
Es decir, la viralidad de la canción no fue casualidad. Aunque aclararon que luego de su aparición, no se hizo una campaña de promoción permanente, el tema, dicen, se difundió sobre todo mediante recomendaciones entre las familias de los niños.
