Es imprescindible estudiar el siglo XX en Cuba, afirma intelectual Graziella Pogolotti

La Habana, 16 ene.- La intelectual cubana Graziella Pogolotti afirma que “para desentrañar lo que somos resulta imprescindible sistematizar la investigación en torno al siglo XX, nuestro ayer inmediato, período de agudización de contradicciones que condujeron a la maduración de las aspiraciones emancipadoras proyectadas hacia una radical transformación revolucionaria”.

 En su artículo El surgimiento de la vanguardia, que hoy publica el periódico Juventud Rebelde, la estudiosa advierte que “El gran relato de la historia entreteje factores económicos, sociales, políticos y culturales en un estrecho vínculo de interdependencia”.

Añade que “la historiografía cubana ha concedido interés primordial al estudio de nuestro siglo XIX, etapa fundacional en más de un aspecto, origen de un legado que ha trascendido a través del tiempo”.

Refiere que con suma perspicacia, definió Juan Marinello los años 20 del pasado siglo como década crítica en que la economía de plantación instaurada desde la centuria anterior, a partir de un crecimiento fundado en la producción de azúcar y la dependencia de un solo artículo de exportación, se afianzó con la aparición de los grandes centrales en la zona oriental del país.

Superado el sentimiento de frustración que acompañó el nacimiento de la República neocolonial, la generación emergente se propuso cambiar las cosas en todos los planos de la vida, comenta Pogolotti, quien subraya que “En Cuba, el legado colonial, reafirmado en la neocolonia, arrastraba la dramática huella del racismo con sus consecuencias sociales y culturales”.

Relata que el enfrentamiento a la tiranía de Machado concedió primacía a la lucha política y que, significativamente, el último número de la Revista de Avance se publicó el 30 de septiembre de 1930, día de la caída de Rafael Trejo.

Las fuerzas se dispersaron en una polarización ideológica que abrió el camino a la tercera intervención norteamericana. En esta ocasión, el método utilizado por Roosevelt no apeló al uso de las cañoneras, opina.

Precisa que este actuó por vía de la negociación. Fue la llamada “mediación” con la complicidad de sectores internos. Encontró en Batista al “hombre fuerte”, dispuesto a servir a los intereses imperialistas con la aplicación implacable de la mano dura, reflexiona.

Pero asegura Pogolotti que la Revolución del 30 no se fue a bolina, porque las palabras no caen en el vacío y existía en Cuba, en términos objetivos y subjetivos, una situación revolucionaria.  “Sobre lo que habría de ocurrir después, volveré en próxima entrega”, expresa la escritora. (ACN) (Foto: Cubarte)

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