La Habana, 23 sep.- El informe sobre el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba correspondiente a 2026, presentado por la Cancillería cubana ante la comunidad internacional, revela que las pérdidas económicas ascendieron a más de siete mil millones de dólares entre marzo de 2025 y febrero de 2026, un siete por ciento (%) más que en el período anterior.
El daño acumulado supera ya los 178 mil 700 millones de dólares y, por primera vez, el documento califica la política estadounidense de «genocidio» y dedica un capítulo especial al impacto sobre la salud pública.
Tania Margarita Cruz Hernández, viceministra primera de Salud Pública, presentó en mayo de 2026 ante la Asamblea Mundial de la Salud datos estremecedores: la tasa de mortalidad infantil ascendió de cuatro por cada mil nacidos vivos en 2018 a nueve por cada mil nacidos vivos en 2025, un aumento del 148 %.
La supervivencia del cáncer infantil cayó del 85 % al 65 %; la lista de espera quirúrgica supera los 100 mil pacientes, incluidos 12 mil niños, y más de 30 mil menores cubanos no acceden al esquema completo de vacunación.
Cruz Hernández vinculó directamente estas cifras al bloqueo: cerca de cinco millones de enfermos crónicos, 16 mil pacientes que requieren radioterapia y 12 mil 400 en quimioterapia ven comprometida la continuidad de sus tratamientos por los apagones y la escasez de medicamentos.
Pero detrás de cada cifra hay una historia, como la de Asad Hamad, joven médico guyanés recién egresado de la Facultad de Ciencias Médicas Calixto García, en La Habana, ilustra cómo el bloqueo y la respuesta cubana se entrelazan en la vida real.
Hamad llegó a Cuba sin saber una palabra de español, pero en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) los profesores le enseñaron desde el abecedario hasta cómo tratar los padecimientos más crónicos.
Su vocación nació al final de la secundaria, cuando no sabía qué estudiar: «Apareció la beca para Cuba, lo intenté y lo logré, decidí formarme como médico para ayudar a mi familia y a mi comunidad, porque en Guyana hay un gran déficit de médicos generales y especialistas», apuntó.
Lo que Hamad describe como ventaja es, en realidad, la otra cara del bloqueo: «Adquirimos habilidades y oportunidades que no existen fuera, como las ayudantías, y una integración temprana en la asistencia médica desde primer año».
Y señaló que mientras algunos ven el déficit de recursos complementarios como una debilidad, en la formación médica puede ser una fortaleza: depender de exámenes complementarios inhibe la capacidad de aplicar el método clínico y limita dónde puede ejercer un médico; aquí, con lo poco que tenemos, nos formamos para ir a casi cualquier parte del mundo y ejercer, agregó.
El informe recoge esta paradoja con crudeza: el mismo sistema que forma médicos capaces de diagnosticar sin depender de tecnología de punta es el que resiste con hospitales a media capacidad, apagones prolongados y medicamentos racionados.
Hamad lo ha visto de cerca y señala que en los hospitales hay médicos y enfermeros que caminan largas distancias para llegar a trabajar tras los apagones, porque falta combustible.
Esa realidad conecta directamente con el cerco energético total impuesto en enero de 2026, que cortó el suministro de combustible a hospitales e instituciones médicas y obligó a posponer indefinidamente cirugías no urgentes.
La formación que Hamad recibió en esas condiciones tiene un destino concreto: Guyana, su país, que enfrenta un déficit severo de galenos.
Planeo quedarme en Cuba para especializarme en cirugía general, luego regresar a Guyana a cumplir el servicio social y después subespecializarme en cirugía cardiotorácica, explicó.
Su plan refleja una cadena de cooperación que el bloqueo no ha podido detener: Cuba forma médicos para naciones que los necesitan, y esos médicos regresan a sus comunidades.
En 2025 se graduaron al menos cinco médicos guyaneses formados en Cuba y dos especialistas completaron su preparación.
El gobierno cubano presenta este informe como evidencia de la naturaleza genocida del bloqueo, porque este no solo persiste, sino que se fortalece de manera constante.
Cuba denuncia que más de siete mil contenedores con alimentos, medicamentos e insumos médicos permanecen retenidos en puertos de terceros países por temor de las navieras a sanciones estadounidenses.
Para Hamad, el impacto es tangible: «En Cuba trabajas con pocos recursos, y eso te prepara para ejercer en cualquier lugar. Los complementarios existen, pero nuestra formación nos enseña a no depender de ellos para saber si un paciente está enfermo o qué medicamento indicar».
Su historia, como las cifras del informe, apunta a una misma conclusión: el bloqueo no solo se mide en dólares perdidos, sino en médicos que caminan a oscuras para salvar vidas, en niños que esperan una vacuna y en jóvenes como Hamad que aprenden a curar con lo mínimo, mientras el mundo les cierra las puertas de lo humanamente necesario. (Texto y foto: ACN)
