La Habana, 27 mar.- La actual situación del sistema electroenergético nacional responde a un escenario excepcionalmente complejo, marcado por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos y su impacto directo en el suministro de combustibles, explicó el viceministro primero de Energía y Minas, Argelio Jesús Abad Vigoa, durante su intervención en la Mesa Redonda.
El directivo distinguió dos etapas claramente definidas. Hasta finales del año anterior, aunque el bloqueo se mantenía con rigor y durante más de seis décadas había impuesto severas restricciones —incluyendo persecución a proveedores, sanciones a navieras y obstáculos financieros—, Cuba lograba adquirir combustibles en el mercado internacional.
“No era fácil, no era barato, pero lo lográbamos”, subrayó. A pesar de las amenazas y las rutas alternativas que era necesario emplear, los buques arribaban al país para sostener la economía y los servicios esenciales.
Sin embargo, a partir de este año la situación cambió radicalmente. Una nueva orden ejecutiva del gobierno estadounidense intensificó la política de asfixia económica, transformando el bloqueo en uno de carácter energético “de máxima intensidad”.
Esto ha implicado un endurecimiento de las medidas contra proveedores históricos, mayor persecución a embarcaciones en alta mar y presiones sobre navieras, aseguradoras e intermediarios financieros. Como consecuencia, hace más de tres meses que no entra a Cuba un solo barco con combustible contratado en el mercado internacional.
El país ha dejado de recibir diésel, fuel oil, gasolina, combustible de aviación y gas licuado de petróleo, lo que impacta directamente en la generación eléctrica. Actualmente, más de 1 400 MW de capacidad instalada no pueden utilizarse por falta de combustible, incluyendo la generación distribuida y los motores de Mariel y Moa.
La generación se sostiene únicamente con crudo nacional en termoeléctricas, el gas acompañante de los pozos petroleros y las fuentes renovables en horario diurno. Aun así, el déficit promedio alcanza los 1 400 MW durante el día y entre 1 800 y 1 900 MW en el horario pico nocturno, lo que provoca inestabilidad en el sistema y prolongados cortes eléctricos.
“Tenemos las máquinas, tenemos los técnicos, pero no tenemos el combustible”, afirmó.
A este escenario se suma la descapitalización del sistema, agravada por la imposibilidad de acceder a financiamiento internacional para el mantenimiento y desarrollo de la generación térmica.
Pese a este contexto adverso, el país ha logrado avances significativos en el sector energético durante 2025 y lo que va de 2026.
En la producción de petróleo, se revirtió la tendencia decreciente de años anteriores. La Unión Cuba-Petróleo cumplió su plan anual en 2025, alcanzando la cifra más alta de los últimos siete años en producción de petróleo equivalente. En los primeros meses de 2026, esta tendencia se mantiene.
Este incremento resulta clave para sostener la generación eléctrica con recursos nacionales y reducir la dependencia de importaciones. Se han perforado nuevos pozos con resultados positivos y se han construido cuatro tanques de almacenamiento en la base de supertanqueros de Matanzas.
En paralelo, se han recuperado 348 MW de generación térmica en lo que va de año, con intervenciones en unidades de Felton, Santa Cruz, Cienfuegos y la termoeléctrica Antonio Guiteras. Asimismo, continúan labores de mantenimiento e inversiones en unidades estratégicas del país.
Uno de los pilares de la estrategia energética ha sido el impulso a las fuentes renovables. Al cierre de 2025 se concluyó el montaje de 52 parques solares fotovoltaicos, que aportan más de 1 000 MWp y elevan la participación de estas fuentes a cerca del 10% de la matriz eléctrica, frente al 3% existente en 2024.
En lo que va de 2026 se han sumado otros 31,24 MW. En determinados momentos, estos parques generan hasta el 38% de la energía consumida en horario diurno.
También se han instalado más de 10 000 sistemas solares en viviendas de sectores priorizados, así como 5 000 módulos en comunidades aisladas y centros vitales como policlínicos, hogares de ancianos, panaderías y estaciones de comunicaciones.
El programa incluye además la instalación de sistemas de baterías para estabilizar la red, el desarrollo de bombeo solar para acueductos y agricultura, y el avance en proyectos hidroeléctricos y eólicos.
Ante la escasez de combustibles, se han implementado alternativas para garantizar servicios básicos. Entre ellas destacan la rehabilitación de hornos de leña y carbón en panaderías, el uso de tracción animal para actividades logísticas y el impulso al uso de gas natural en comunidades con emanaciones disponibles.
Asimismo, se trabaja en la ampliación del servicio de gas manufacturado en la capital y en la identificación de nuevas zonas con potencial para su aprovechamiento.
El viceministro calificó la actual coyuntura como la más compleja enfrentada por el sector energético en décadas, resultado directo de un bloqueo recrudecido que busca asfixiar al país.
No obstante, destacó el esfuerzo de los trabajadores de la Unión Eléctrica y CUPET, a quienes definió como “titanes”, y subrayó la capacidad del país para innovar y resistir.
Cuba continúa trabajando en múltiples frentes: incrementar la producción nacional de petróleo, recuperar capacidades de generación térmica, acelerar la transición hacia energías renovables y buscar alternativas de financiamiento y suministro.
“El camino es largo y complejo, pero estamos claros hacia dónde vamos: hacia la soberanía energética plena”, concluyó. (Texto y Foto: Cubadebate)
