Este fue sin dudas uno de los encuentros más encarnizados y sangrientos que libró el lugarteniente general Antonio Maceo en el Occidente. Al enfrentarse a tres columnas enemigas y en una situación seriamente comprometida, las huestes maceístas se posesionaron de la altura Ceja del Negro, en la provincia de Pinar del Río, y no sólo resistieron la embestida, sino que lograron lanzarse a la ofensiva provocando el descalabro en las filas españolas. Esta batalla, completa victoria para las armas cubanas, demostró una vez más la extraordinaria capacidad y pericia en la dirección de tropas del Titán de Bronce.
