El Mayor General Calixto García, se encontró ante una de las situaciones más críticas de su vida. El 6 de octubre de 1874 sorprendido por una guerrilla enemiga y separado de las tropas, con sus ayudantes muertos o heridos, se aplicó el revólver bajo la barbilla y disparó. Así, moribundo, fue hecho prisionero el General, que luego sobrevivió. Al recibir doña Lucía Iñiguez la noticia de la captura de su hijo se negó a darle crédito, hasta que al advertirle que sólo ensangrentado y muy grave había sido posible tomarlo prisionero, exclamó: «Ése, ése es mi hijo Calixto! Muerto antes que rendido!
