El 25 de enero de 1896, el general español Valeriano Weyler embarca hacia Cuba para sustituir en la Capitanía General de la isla a Arsenio Martínez Campos, quien fracasó en el intento de derrotar al Ejército Libertador. En los confines de Pinar del Río, Antonio Maceo, el Titán de Bronce, no pudo ocultar su emoción al conocer el relevo y casi destitución de su enemigo, a quien había deslustrado su brillante carrera militar con la epopéyico invasión de Oriente a Occidente.
