La tendencia surgida entre la membresía del Partido Revolucionario Cubano (PRC) de que con la capitulación de la corona española sobre sus derechos en Cuba concluían las razones de existencia de la organización fundada por José Martí en 1892 decretó su disolución. En tal decisión mucho tuvo que ver el sucesor en la jefatura del PRC, Tomás Estrada Palma, quien posteriormente se convirtió en el primer presidente de la nación. Muerto Martí el Partido perdió su capacidad de movilización en el exilio y se limitó a recaudar fondos para la guerra.
