Desde su entrada a la Universidad de La Habana, tras concluir los estudios de Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, el líder estudiantil Julio Antonio Mella asumió importantes responsabilidades y compromisos que lo vincularían de manera definitiva al quehacer revolucionario. Su labor e incesante crítica a los males sociales engendrados por el entreguismo del tirano Gerardo Machado a Estados Unidos y la corrupción administrativa, condicionaron su expulsión de la Universidad de la Habana el 28 de septiembre de 1925. Pero estas represalias no lograron acallar su voz, por lo que se ganó el odio del dictador, quien lo mandó a apresar bajo la falsa acusación de cometer actos terroristas. Y allí, desde la prisión, continuó su oposición con una huelga de hambre como expresión de rebeldía y desacato al gobierno, acto que elevó sus dotes de líder indiscutible. La persecución y el asedio a que fue sometido lo obligó a huir y buscar refugio en México, desde donde prosiguió su actividad política.
