En la tarde del 4 de diciembre de 1956, un grupo de revolucionarios, encabezados por el líder estudiantil José Antonio Echeverría, se lanzaron al terreno de pelota en el estadio del Cerro, en medio de un juego entre las novenas de Habana y Almendares, con una gran tela donde denunciaban la crueldad del régimen de Fulgencio Batista, quien de forma golpista había llegado al poder el 10 de marzo de 1952. La policía de la dictadura de Batista arremetió de forma salvaje contra el joven cardenense y sus compañeros, que si no fueron masacrados entonces fue gracias a la actitud valiente y ética del afamado árbitro Amado Maestri, quien impuso su autoridad sobre la grama e impidió, junto a algunos empleados, que los jóvenes fueran violentamente reprimidos al ofrecerle refugio y protección a expensas de represalias posteriores. El hecho fue captado por las cámaras de la televisión que transmitía el partido por lo que fue visto por miles de ciudadanos en todo el país.
