A las cuatro de la tarde, comienza la impresionante concentración en la Plaza Cívica para la que habían viajado a La Habana cientos de miles de campesinos. El presidente Osvaldo Dorticós pregunta a la multitud si desea que el líder de la Revolución continúe al frente del gobierno. «Un millón de sombreros de yarey lanzados al aire, centenares de miles de machetes que aplauden con su metálico sonido y el mas grande /Si/ que haya estremecido la Plaza Cívica». Al anunciar Dorticós que Fidel acepta retornar a la jefatura del gobierno, de nuevo vuelan los sombreros de yarey y resuenan los aceros y los gritos de victoria popular. Emocionado, el Primer Ministro lanza a los aires su gorra con la estrella de comandante. En su discurso, Fidel exclama: «A los que en nombre, o invocando hipócritamente la palabra democracia, nos calumnian, podemos decirles: /Democracia es esto/».
